Tal vez El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

1 de agosto de 2016, por Ángel Ruiz Cediel

Tal vez



Tal vez —solamente tal vez—, aunque se empeñó en ahorrar luz, acumuló ázima sombra. Sombra como la que llevaba fija a su costado, recortándose solemne y contundente sobre el embaldosado del antiguo coso taurino, hoy convertido en un no sé qué a medio camino entre parque y solárium, cual contrapunto al ardoroso sol del estío; sombra, que encenagaba su pensamiento y su alma; y sombra, que se descolgaba de su ceño como un permanente luto. Tal vez —solamente tal vez—, aunque se impuso ahorrar esperanza acopió desaliento y miedo. Miedo, como el que le llenaba las faltriqueras y le hacía temblar al segundero de su reloj de pulsera como si tuviera frío, mucho frío; miedo, como ese ahoguío permanente que se afincaba en su pecho; y miedo, que tiritaba en su vigilia y entumecía su sueño. Y tal vez —solamente tal vez—, aunque procuró enamorarse de la vida le fue subyugando la tiniebla de una concupiscente muerte que le ofrecía más sabrosas o menos pesarosas ambrosías y deleites.

“¡Que reducido deja al mundo el dinero: apenas si cabe un hombre! Tanto, tan breve es el resquicio, que la sombra, el desamor o la vida misma le empujan a uno afuera del cuerpo. Quizás anteayer o el otro día pude vencer un exiguo desaliento; el desempleo, por ejemplo, o un miedo o una sombra... o una muerte. Creí; pero no. Cuarenta y tantos, a estas alturas, son demasiados. Unos bolsillos vacíos hablan mucho y mal de un hombre sin más anhelo que la supervivencia. Me perdieron el respeto; pero en estos tiempos que corren ¿quién respeta a un hombre de cuarenta y tantos, sin empleo y con los bolsillos vacíos? Mi esperanza se puso de hinojos ante una sociedad en desconcierto. ¿O en concierto…? De todo sobra en el mundo; pero solamente para los perversos: los humildes y los justos únicamente tienen acceso al deber y al cuchillo. La vida premia nada más que a los peores. ¡Qué estrecha es la distancia entre la risa y el llanto! Mi orgullo de hombre enhiesto fue sucumbiendo con los días o con las negativas a granjearme un pan honrado para ofrecérselo a una mujer desolada y a unos hijos que se afanaban en sujetar a este dios de barro en su Olimpo..., a una familia que se descomponía a ojos vista como los despojos arrojados al sol en el patio estéril de este matadero. La esperanza que me sostenía se arrodilló ante el mal humor, la frustración o el resentimiento. ¿O es el resentimiento el que relevó a la esperanza, ahogándola?... El desempleo es una muerte lenta, muy lenta, como caminar descalzo por las ascuas del Infierno. A ciertas edades, más piadoso que el desempleo es un tiro en la nuca. Vivir, endeuda. Los intereses crecen sobre lo que no interesa sino como despojo; pero es necesario que se alimente incluso un hombre que se desvanece. ¿Por qué el dolor dilata las noches, el silencio y la soledad?... Por común, nadie entiende el naufragio de un hombre. La amargura es un monstruo feotón y desmedrado que asusta. La aflicción ajena solamente se soporta una vez, y por breve lapso: únicamente la risa y la belleza tienen permanentes corifeos. Inclusive las palabras de amor se tornan insípidas, precipitadas, confusas. La pasión se torna en un grotesco recurso de la rutina, impelida de la urgencia de aliviar con un placer una agonía; pero la agonía es tan intensa que hasta los besos acerba. ¿Qué dios terrible y carnicero es éste de papel, sin serlo? Me arrodillo devoto, pío y circunspecto, y oro; entrego mi dignidad, mis lágrimas, mis esperanzas, y aguardo. ¿Qué dios es éste tan sordo, sin serlo? El hombre —yo— se diluye en un desconsuelo que día a día se hace vino amargo, llanto acedo, esperanza huera. No hay trabajo. No hay un espacio. Pedir duele como cuatro clavos sobre un madero. La honra vale un préstamo menudo, de compromiso. «No tengo más, lo siento.» «Tú sabes que si pudiera...» La soledad del que necesita es un monte con forma de calavera. «¿Conseguiste algo?...» Poco a poco también mi mujer fue dejando de entenderme, descreyendo que no quería vivir lo que estaba viviendo y echando al olvido la fe que un día nos empujara al arrullo de los besos. ¡El amor de hombre y mujer es un sol tan negro!... «Papá, te quiero.» Sus ojos proclamaban verdades imperecederas, inocencias que no se rendían. «Vete, mujer: sálvate y salva a los niños.» Mejor que tengan razón los suegros, los amigos que nunca lo fueron, los aliados que ahora son enemigos, ésos que se esconden y que mienten con alivio «no puedo..., no tengo..., no estoy.» Al fin y al cabo, mejor la ausencia que caer en el delito. Llego a una casa desconsolada. Echo el cerrojo. Nada hay más solitario que el cuarto de los niños... sin niños; nada más ruinoso que un lecho de amor... vacío; y nada más desolado que una despensa desnutrida o una cocina sin el cacharreo de un puchero al hervor, sin el olor a café recién hecho o sin la figura de aquélla que fue causa y alter ego. ¡Llena tanto la ausencia! El rencor es una fiera que suplanta al amor cuando se ha ido. «Tal vez, sea lo mejor que se fuera.» «Debió quedarse, pese a todo, resistir conmigo a pie firme.» El péndulo de la soledad me hace oscilar entre el desamor y la resignación. Y, a pesar de todo, un día caí en la falta. ¿O fue el odio o el miedo o el desprecio los que me empujaron a caer? El banco me exige con fiereza que pague lo que no tengo; la financiera, que abone mi deuda como sea, no importa cómo consiga lo que me falta. Nunca he debido tanto. Son los únicos que llaman, los únicos que me escriben, los únicos con esperanza. Cuando uno solamente recibe llamadas o cartas de los bancos o de las financieras es que alguien está afinando las trompetas del Fin del Mundo. En la televisión presencio movilizaciones solidarias con países remotos, con las víctimas de guerras o catástrofes; pero, ¿cuál es mi país o cuál es la guerra o la catástrofe que me arrojó al pie de estas ruinas? ¿No soy también una víctima, por más que pertenezca a un porcentaje mínimo de una minoría de desempleados?... Los hombres nos hemos convertido en un bien descartable, de usar y tirar. Los vecinos me denunciaron por moroso y por haber sustraído parte del dinero de la caja de la comunidad. Tenía hambre y necesitaba un trago. Precisaba olvidar que cuando me quedé sin empleo comenzaron a ajusticiarme lentamente, robándome primero la esperanza; luego, a mi familia; y finalmente, la dignidad. Entre tanto latrocinio impune como el del poder y los negocios, mi delito es llana venialidad; pero en este mundo la venialidad es lo que interesa. El juzgado me apremia; el banco y la financiera, también. Mi esposa me reclama la pensión de mis hijos. La ley, el dinero y el desafecto no entienden de sentimientos ni de hombres, ni siquiera de dolor o de sombra o de miedo. Hace días que no como. Ya no me quedan amigos. Una carta me anuncia que mañana por la mañana vendrán a exiliarme de este piso que es cuanto me resta, de esta patria que adquirí para establecer un futuro promisorio de amor y paz. ¿Amor?... ¿Paz?... Pero no: no me rendiré. Defenderé mi hogar siquiera sea con el testimonio, gritando con mi sombra que un hombre puede y debe tener un lugar sobre el mundo del que no le exilien a la fuerza. Sé que aún hay buenas personas que sabrán entender mi sacrifico para que esto no le suceda nunca más a nadie. Mi dolor servirá, al fin, de algo, y demostraré que, aunque robé una miga, permanecí manso y tan puro como pude, y respeté el pan entero.”

—Otro sinvergüenza que se atrinchera para no pagar, como si así pudiera eludir lo inevitable —dictamina con amarga soberbia el funcionario judicial—: tiren la puerta abajo. Los policías —sicarios desalmados del poder— lo hacen, disponiéndose alguno de ellos a reducir al desahuciado, si la situación lo exigiera, con su defensa reglamentaria. «Es un mal bicho», asegura una vecina. No hay nadie, sin embargo, parece. Un agente, con la socarrona sonrisa del verdugo dibujando el placentero arco del verdugo, da la noticia muy divertido: «Está aquí.» El cárdeno cadáver se mece colgado por el cuello, sobre la cama de matrimonio deshecha desde hace no se sabe cuánto tiempo. ¿Era este tu testimonio? ¿Qué hay que leer en él? «¡Será cabrón!», sentencia el funcionario judicial, contrariado. Él prefiere los desahucios limpios, sin escándalos ni refriegas, con la mansedumbre del derrotado, y éste le va a dar mucho, pero mucho papeleo. «Ese es un mal bicho», asegura de nuevo la vecina. Y solicita todavía. «Asegúrense de que esté bien muerto, porque ese hombre es un mal bicho y, de no ser así, terminará volviendo.» Llega la prensa, una jovencita sin mucho talento que quiere sacar partido para su revista local. «¿Relato en primera persona, crónica aséptica de los sucesos o, mejor, dar al artículo tintes trágicos?» ¡Es tan común el suicidio de un hombre desesperado! El furgón fúnebre se lleva el pesado cuerpo de quien una vez pretendiera el paraíso y su vuelo le despeñó al infierno; el alma, voló mucho tiempo antes que su cuerpo. Los policías se recrean haciendo humor negro mientras precintan el piso. Es la mecánica de los desalmados. «¡Asegúrense de que no vuelva, porque ese hombre es muy malo!»

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Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



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