Solamente por eso El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

Solamente por eso

12 de abril de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

Solamente por eso



Quizás porque no espero ya que retorne el rubor de la inocencia a mis mejillas o que el amor me fulmine de nuevo con el estallido de sus prodigios, voy adelante con mi vida sabiendo que lato y, en tanto lo hago, empuño el verbo y la palabra luchando por lo que creo, por más que sean ideologías o creencias que van cayendo en el anacronismo de lo obsoleto. Sin embargo, en este orden de vigencias efímeras, sigue faltando la voz que ensalce lo sublime, y siquiera sea desde este rincón de sombras y soledades, quiero elevar mi clamor en el nombre de la justicia y del amor y de la inocencia, que es decir del hombre y sus geografías.

Tantas veces me he enamorado que ya no sé ni quiero vivir sin eso. Me enamoré de la vida, y de Aurora, de Alicia, de Marta… y de las mil muchachas o mujeres que oportunas o importunas irruyeron en mi vida o caminaron por mis aceras, y fue enamorarme a la vez de la misma cosa, preguntarme por los porqués de los afectos, de las mutaciones que ejercían sobre mi naturaleza y de los cielos a los que aspiran los seres cuando palpitan. El amor no entiende de políticas, sino de querencias y de almas, y desea la integridad de lo perfecto sin imposiciones ni cadenas; ansía la libertad de ser y latir y vibrar conforme a su propio pentagrama; y precisa de la paz que exulte sus versos para que de la carne broten las alas de la poesía y los besos y las caricias y los sueños que instauran presentes con sentido y promisorios mañanas. Me he enamorado muchas veces, casi tantas como sístoles y diástoles me animan, y todavía lo sigo haciendo al creer que ha sido eso lo que me ha proporcionado la capacidad de saber que los demás sienten como siento.

A esta edad en la que ya no espero que otros brazos me acojan y rodeen sinceros o insinceros, ni sueño con que un corazón enamorado aprenda a latir al ritmo de mi nombre, no por eso desespero ni renuncio a empuñar la palabra para defender ese cielo azul que sobrevuelen mil amores enamorados. No se trata ya de si es la atmósfera de mi sueño, ni siquiera de en qué personalmente me beneficio, sino de que es el ámbito en que la especie asienta su derecho a ser aquello para lo que ha nacido. A mis años ya no se contempla un horizonte lejano de azules esplendorosos, sino acaso las primeras letras de esa despedida con que los hombres nos encaminamos al último destino; pero no reniego ni renuncio, no me aparto del camino que abre otras pasturas a los que vienen detrás o después o mañana, para que sus cielos puedan acogerlos tal y como son y sientan, sin jaulas ni imposiciones. Alzo este clamor de palabras y verbos como un arma mortífera que enfrente el enemigo del hombre, a los carceleros y comerciantes que trafican con las almas, y a los demonios que confunden instintos con afectos. La democracia y las dictaduras, las leyes y normativas son un marco de negros barrotes, son sinsentidos, espacios muertos que condenan y aprisionan a quienes desean levantar el vuelo. Visto desde mi distancia, desde esta edad en que nada personal se ansía ni se aguarda salvo concluir con la dignidad de haber vivido sabiendo que lo he hecho, se sabe que lo que importa, lo que siempre ha importado y lo único que da sentido a la existencia, es el amor y sus riberas. La Historia comenzó con un hombre y una mujer, y con un hombre y una mujer siempre se cierra, o con mil soledades inundadas de recuerdos de ese amor con propensión de eterno.

¿Qué me empujó a vivir y luchar y sangrar, sino un afecto?... Afecto por una o cien mujeres a las que quise hasta la muerte, por unos hijos que valían mucho más que mi propia existencia, por unos amigos, compañeros, camaradas, almas gemelas de mi misma andadura que vibrábamos al ritmo exacto de la luz y de la vida. Viví y vivo por ellos, porque es hacerlo por mí y mi circunstancia, aunque sabiendo ya que somos indistinguibles en esta red que compartimos por designios de Dios o caprichos del destino. Pero es esto, precisamente, lo que me amplia y me extiende y me incluye en otras humanidades, en otros aciertos y desatinos de otros hombres y mujeres iguales en sus emociones e idénticos en sus querencias. Es el territorio del hombre, infinito; es el ámbito de corazón, exclusivo; es el dominio del alma, definitivo. Es por ellos y por mí que merece cada gota de sangre la vida y la muerte, y es por ellos y por mí y por otros que desde el alba de los tiempos muchos lucharon y sufrieron y murieron en cruces o en patíbulos o en campos de batalla, apasionados, altivos, orgullosos, completos, con la ferocidad determinante de saber que vivieron y expiraron por aquello que amaban hasta los huesos. Todo lo demás, las leyes, las normativas, las formas de gobierno y hasta las libertades, eran los flecos, las hechuras, los marcos que afanosamente pretendemos ampliar para quepan dichosos todos los amores y se conjuguen libremente todos los verbos. No es una cuestión de ideología, sino que esta traspira y se trasluce como consecuencia de esto: si faltara el amor, si un hombre renunciara a la muerte por quien ama, la vida misma perdería su sentido.

Pero el amor tiene enemigos, siempre tuvo adversarios, hijos del odio y el resentimiento que aborrecen la luz y se recrean en las tinieblas. Y luchan también por sembrar rencores y alambradas y calaveras, por torcer las sonrisas con muecas de horror y llenar los ojos de lágrimas, y cercenan las alas de los puros, y los condenan y los someten, y ansían y persiguen crear un orden de barrotes negros en el que todos los corazones sean prisioneros. Son los vástagos de lo oscuro, el rencor y lo siniestro, quienes degradan los seres a carne sin sueños ni esperanzas, los que convierten al hombre en mercancía que puede ser comprada o vendida o subastada en sus mercados de valores. Son el eclipse de lo divino, el terror, la muerte y el cuchillo, los demonios que siembran el mundo de infiernos y conflictos, procurando arrastrar el pálpito del amor a un ritmo siniestro de hombres desolados y divididos. Es contra estos, y en defensa de los puros y los hombres, que nacieron los credos y las ideologías, la causa profunda por los que algunos empuñamos la espada y el verbo y la palabra, y luchamos y sangramos y morimos.

No es por la política, no es por los políticos, no es por la economía, las culturas o las religiones, ni siquiera es por tesoros o ambiciones personales. Los caminos de la libertad están jalonados de sepulturas anónimas, sin nombres ni fechas fijas y frecuentemente sin memoria para quienes les sobrevivimos; pero ellos no esperaban con su sacrificio un pedestal de mármoles esplendorosos, ni un cenotafio que recordara sus días o una estatua en un parque que conmemorara su holocausto: ofrecieron su vida por los suyos, incontables desconocidos, y por muchos mañanas, y con eso lo hicieron satisfechos siendo simiente promisoria de luminosos amaneceres y de estremecedores besos. Los gritos que llenan las calles, las algaradas contra el poder de los corruptos y esclavistas, las manifestaciones, las revoluciones, las protestas, los versos que soliviantan las almas y encienden y empujan la luz enardecida de los corazones, son la consecuencia de una guerra del hombre contra las cadenas, no por el poder, sino por poder nada más que amar y ser aquello para lo que se ha nacido: mortal entre los mortales, y amor enamorado dispuesto al prodigio excesivo de la vida y de la muerte.

Es necesaria la determinación del hombre para que el hombre permanezca; es imprescindible. Reniego de la tibieza de los tibios y del temor de los cobardes, de todos aquellos que no están dispuestos al sacrificio, si la hora de inmolarse les alcanza. Es preciso bajar hasta el ruedo y enfrentar el esplendor del sol en la arena o restallando en los cuernos de la fiera; es necesario huir de los burladeros cuando nos sorprende la hora verdadera, y mostrar que se está decidido a que la muerte nos cale hasta los huesos. Más alta y deslumbrante es la muerte luminosa en el albero que el desgarrador lamento de los vivos que se estremecen en los tendidos. Es por esto, y solo por esto, por lo que muchos, desde siempre, empuñaron las espadas y los verbos y las palabras y los actos, y se pusieron al frente de los débiles o los jóvenes para defender con su sangre y con su vida sus futuros de cobardías o esplendores, de afectos o desafectos, de mañanas, de presentes y terrores. A todos tarde o temprano nos llega la hora, y en esa arena postrera se condensan todos nuestros amores, no los dineros o posiciones, sino los quereres en crudo que elevaron a nuestra carne sobre la carne, diferenciándola del polvo de los suelos que pisotean las bestias de los caminos o los mercaderes de los pueblos.

No es por política, ni es por poder o por nombre; no es por la vanagloria de ir hasta donde otros no se atrevieron: es por el hombre en sí mismo, porque quien ama comprende que uno y otro somos idénticos, y que puede extenderse en otros besos o en otros brazos y habitar en todos los pechos. Es por el hombre para que tenga su opción de elegir entre amar y ser y no-ser y odiar, para que sea y entretanto exista pueda alzarse sobre la tierra o hundir en ella su esqueleto. Es por esto, y no por otra cosa, que empuñé el verbo como una espada, que me alcé con otros que sienten igual y libramos esta batalla en la que no me rindo ni reniego ni desmayo. Juntos conformamos una frontera, una invencible línea de defensa dispuesta a la sangre o al martirio, sabiendo que detrás hay miles que, si cayéremos, vivirán en sus amores nuestro amor y en sus rutinas los días que entregamos libremente, latiendo por nosotros y por ellos en vidas multiplicadas. Es por esto que enfrentamos a los poderes o las policías que reprimen a los pueblos, es por esto que alzamos las revoluciones y por las que nombramos a las cosas por sus verdaderos nombres, sin concesiones a los términos mentirosos de lo políticamente correcto. Es por esto, por ellos y por nosotros, que levantamos el mentón y empuñamos espadas de metal o de palabras: por el amor, por un beso; solamente por eso.

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Videos de mis novelas







Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05