Últimos pasos sobre la Tierra El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

24 de abril de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

Crónicas de ayer para mañana XII
Últimos pasos sobre la Tierra



Pronto terminará todo. Pocas cosas quedan ya por hacer, y escasos los pasos que dar sobre la Tierra. En mi reloj apenas si basta ya con el segundero para medir mi tiempo, como en los de casi todos los que me rodean. La única diferencia radica en que yo sé lo que ignoran, y soy consciente de que prácticamente ya he muerto, de que no me quedan esperanzas y de que estoy por gastar el último sueño, acaso el único sueño: pronunciar dos palabras.

Queda un dolor y enfrentar la verdad última: ¿existe Dios, somos una creación o forma intencionada armada por el ingeniero divino desde la nada?... Tal vez muera y el universo se apague en mis ojos, muriendo conmigo. Nadie nunca en ninguna parte sabrá por mí que ha existido, ni nadie nunca en ninguna parte sabrá por él que he existido. Él y yo expiraremos en la misma hora, salvo que Dios exista.

He preparado todo concienzudamente, a imagen como en la antigüedad prevenían los reyes sus mortajas. Todo está listo. Nadie puede sospechar siquiera cuál es el párrafo final que he preparado para cerrar este capítulo de mi vida. Luego, cuando haya terminado mi misión, cuando al fin concluya mi tarea, tomaré asiento en la piedra que tengo dispuesta para contemplar cómo se destruye mi propia vida. Lo haré sumando, tal vez rodeado de todas las vidas que he robado por un dios injusto o por un sentimiento traicionado. ¡Qué inmenso se hace lo pequeño!

No queda mucho, no, apenas el último sorbo, un poco más de sentir cómo la carne se calienta al sol o cómo acaricia la brisa. Mis sentidos dejarán de sentir, pero no sé si comenzará a hacerlo la parte de mí que no siente. Es todo tan confuso, es todo tan laberíntico que es en la sencillez donde encontré las verdades más grandes, si es que he encontrado alguna. Miro a lo alto, contemplo las estrellas y no me cuesta imaginar los incontables mundos que debe haber por ahí arriba. A veces, cuando supongo esos mundos habitados, imagino a alguien como yo que mira a lo alto y piensa algo parecido, encontrándose nuestros pensamientos a medio camino, tal vez con el deseo de cambiar nuestras suertes. ¿Quién me eligió el mundo y quién el destino?... Hay una parte de mí que ya no siente, y una parte de mí que no debiera sentir y que se despierta. Nunca temí la muerte, seguramente porque la muerte estaba lejos; pero ahora que la miro a los cuévanos, ahora que la siento acercarse con su temblor de huesos, me asusta. No quiero pensar sobre eso.

Sí; pensar es malo, particularmente si el tiempo se termina. Podría uno caer en la tentación de hacer balance, y no sé si podría soportar la cifra que arrojara. Más de medio siglo llevo sobre el mundo, y salvo los niños, no he conocido a nadie que no mereciera su suerte y aún peor. Nadie es bueno, nadie es honrado, o yo no he encontrado a ninguno que evite que caiga el fuego de la ira divina sobre Sodoma. Algunos lo parecen, pero solamente porque no han tenido la ocasión de mostrarse como son. He visto trasformaciones terribles, he contemplado con mis propios ojos cómo se conducen los hombres cuando la ley deja de tener sentido y no hay jueces ni policías, como en la guerra, por ejemplo.

El aparentemente bueno lo es siempre que no tenga que despeinarse. Si mañana o luego viniera una racha de viento, ¡ay, de los que cayeran en sus manos! El hombre más manso ampara un tigre en su corazón y un cocodrilo en su cerebro; si tuviera hambre devoraría a sus hijos, como Cronos, el Saturno implacable; y si que vender a su mujer, ¡pobre de ella! Así es la especie, y así he sido. ¡Vae victis! No; no puedo ni quiero hacer balance. Lo hecho, hecho está. Ya no hay posibilidad de enmienda ni tendría sentido hacerla.

La culpa solamente pesa cuando se la considera. Si se la ignora, es como una pluma, como esta pluma que llevo en mi cartera. Es liviana; no dobla las rodillas ni acusa o señala. A veces, únicamente a veces, pesa un poco porque tiene un vínculo con la memoria y arrastra el tiempo con ella como si hubiera generado un vórtice. Únicamente entonces parece que habla, pero lo hace de un tiempo que no es este tiempo, sino uno que da la impresión que se ha detenido como un reloj al que fue imposible poner en marcha. Los recuerdos no tienen tictac, ni el espacio ni el tiempo les afectan. Los científicos hablan y hablan de las dimensiones, de las fuerzas del universo y todas esas cosas, y buscan con ecuaciones sesudas y aceleradores de partículas enormes la fórmula de Dios, la partícula de Dios, la esencia de Dios, cuando la tienen ante los ojos: el deseo, la fe.

El deseo, que es decir la fe, es la fundación del acto, el generador íntimo que pone en marcha todos los relojes. El deseo: tan próximo y tan lejano. ¡Y tan potente! He conocido hombres que han tenido fe suficiente para alcanzar su sueño, que lo han materializado: unos, con forma de martirio; otros, nada más que de dinero. Pero todos los que han tenido fe suficiente han llegado a su cielo. Es el motor de los motores, la llave que abre el espacio y el tiempo, y los pone en marcha o los detiene, los amplía o los estrecha, los endulza o los amarga. Es la llave de todo, y todos la llevamos dentro.

La emoción curva sobre sí mismo al espacio y al tiempo, envolviéndolos. El cielo cabe en un beso, si el beso es verdadero; el Infierno en un deseo, si el deseo es perverso. Pero no quiero hacer balance, no quiero pensar si obré de forma correcta o incorrecta, porque nadie puede saberlo, nadie. Interpreté el papel que me fue asignado, o el papel que elegí acertadamente o no. Siempre estamos eligiendo, y una elección mala nos puede condenar a lo más siniestro como una buena elección conducirnos al Cielo. Sin embargo, a veces lo que parece malo termina por ser bueno y el Infierno resulta ser un Paraíso de acceso enmascarado o encontrarse el Infierno tras las puertas doradas del Paraíso. Nunca se sabe hasta el final, y el final ya está próximo: veremos.

Sé que todos mis actos, cada uno de ellos, me suben a esa piedra que tengo preparada para contemplar cómo se consume el universo. Todos mis actos se reúnen y señalan al unísono ese momento como el más especial o el más verdadero. Lo tengo preparado todo, todo. Será sonado, aunque nadie lo escuche. Lo oiré yo y temblaré de emoción por primera vez con su música. ¡Qué instante hermoso, qué dulce la venganza, qué sabrosa la gloria!

Antonio, Toni, está cumpliendo. Siempre fue un buen cumplidor. La vida le ha ido bien y mal, pero, aunque con pequeñas traiciones contra sí mismo, al final ha sabido guardar el tipo. No me equivoqué con él, nunca lo hice. Ha sabido responder, y con o sin placer está cumpliendo su parte. También él pensó que le estaba haciendo un mal, y no lo era; le daré la oportunidad con la que casi todo hombre sueña, será mi homenaje y mi venganza, la demostración de mi amor y mi rencor, el acta de mi fidelidad verdadera.

No sé cómo encajará su fin, ahora que sabe que le llega. El cáncer solo era una certeza mínima, una aproximación a una hora cierta. Nada es tan implacable como el cielo cuando se desploma con toda su fuerza, y tiene mucha. ¿Cómo se habrá tomado que morirá al mismo tiempo que su mujer y su hija y sus amigos y sus compañeros?... ¿En qué pensará?... ¿Seguirá sabiendo guardar el tipo o correrá a esconderse bajo la mesa, implorando a un Dios que probablemente no existe por una hora más de vida?...

Muchos se traicionan en esa hora. Lo he visto muchas veces. Los suicidas que llegan al final son muy pocos; la mayoría se arrepienten por el camino y terminan llamando a Urgencias. La muerte es implacable, e implacable es una palabra muy dura y muy siniestra. Ninguna fuerza, ni toda la del universo, puede oponérsela. Es algo irresistible, sólido, de una naturaleza extraordinaria con la que algunos a veces bromean o juegan. Siempre, es mucho tiempo, y la muerte es para siempre. Ojalá que Toni resista a pie firme, que se entregue como el hombre que ha sido, que sepa mirar esos cuévanos vertiginosos con la calma con que aceptó su vida. Será su hora y la mía: será la hora. Le estaré mirando atentamente cuando eso suceda, y justo en ese momento, si lo merece, le diré dos palabras. Dos palabras.

El tiempo se agota. Antonio está dando bien sus últimos pasos sobre la Tierra. Ambos desapareceremos para siempre el mismo día y a la misma hora. Para siempre. Pero tal vez, si Dios existe, comencemos de nuevo en uno de esos mundos que hay allá arriba o allá abajo. El universo debe estar cuajado de vida, pero siempre cabrán dos más. Si Dios no existiera, si se hubiera decidido a ser más que una fantasía de seres que temen su propia naturaleza, ojalá que nos consienta ser brisa aquí, o piedra o agua o tierra, o siquiera sea una mota de polvo que dé testimonio a cualquier ser venidero, inspirándole que una vez en este sitio preciso, en este lugar concreto, en este rincón de este universo, hubo dos hombres que se quisieron.

Opina sobre el artículo pulsando aquí









Videos de mis novelas







Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

Puedes pagar con cualquier tarjeta.



Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

Puedes pagar con cualquier tarjeta.




Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05