Ordo ab Chao El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

25 de septiembre de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

Ordo ab chao



La sentencia que figura como título del presente artículo, significa «Orden desde el caos» y es la divisa del grado treinta y tres de la francmasonería; pero este aserto va mucho más allá de lo que los mismos masones ofrecen para explicarla: en realidad, pues que consideran el caos como el estado «natural» de la materia, basándose en él tratan de establecer este mismo criterio como estrategia para la transformación social global que ansían desde lo más oscuro de sus logias. Solamente así, mediante una reducción social al caos, consideran posible que podría establecerse el orden al que aspiran: el Nuevo Orden, en fin. Y algunas sectas con mucho poder llevan ya mucho tiempo poniéndolo en práctica. Siembran el caos en todos y cada uno de los aspectos sociales con el fin de derribar todas las «viejas» creencias y todas las, para ellos, imperfectas estructuras; de este modo, sobre los escombros de lo «viejo», y tras el sacrificio ritual de lo «anterior», consideran que podrán levantar el nuevo y perdurable edificio de sus tiempos: el Nuevo Orden. Solamente a través de esto, se puede interpretar correctamente la realidad que nos concierne.

Pocos periodos a lo largo de la Historia han sido tan confusos como los que vivimos. La crisis que viven las sociedades modernas no es únicamente moral, espiritual o económica, sino que también implica a la Ciencia, al Conocimiento y a la propia supervivencia de la especie. Considerado el conjunto desde cierta distancia, da la impresión de que sociedad está colapsando sobre sí misma. Nada de lo que sirvió, sirve, y todo cuanto sucede, da la impresión de que nos empuja efusivamente hacia el más siniestro de los abismos. La Tierra se rinde extenuada por causa de la superpoblación y el deterioro tóxico a que ha sido sometida por la industrialización, pero al mismo tiempo lo hacen las estructuras humanas, tanto internas como externas. Desde que se le elevó al dinero al rango de único Dios con la Revolución Francesa, primero, y la Revolución Industrial, después, la Economía no ha dejado de derrotar hacia una crisis global de proporciones fantásticas que ya está alcanzándonos de pleno; y, a la par, no dejan de aflorar problemas que no parecen tener solución. Todo se disgrega como un azucarillo en el agua: las naciones y las etnias se subdividen, los pueblos han dejado de creer en sus gobernantes hace mucho tiempo, los padres en los hijos y viceversa, los creyentes en su Dios, los cónyuges en sus parejas y los trabajadores en sus empresarios y viceversa. Incluso se podría afirmar que el hombre, como un loco, ha dejado de confiar en sí mismo, que duda de sí mismo, que se teme a sí mismo o que se asusta de sí mismo, porque ni siquiera sabe en qué cree o hacia dónde se dirige. Mira a su alrededor, y todo cuanto sucede le desborda, acaso presintiendo que vive tiempos capitulares de tal magnitud que en cualquier momento puede ser arrollado por ellos. Le asusta sobremanera su fragilidad, su superfluosidad, su perentoriedad y, especialmente, su prescindibilidad. Cuanto contempla está desubicado, fuera de contexto, es excesivo o exagerado, y sabe que nada de cuanto está en su mano puede servir para remediarlo o reubicarlo: se ha convertido en un rehén de las circunstancias, si es que no de los demás, del poder o de fuerzas desconocidas que nadie parece poder controlar. Se siente, en fin, abandonado a su suerte, y tiene miedo porque ni siquiera tiene ya un Dios al que aferrarse.

A finales del año pasado, cuando me referí a este 2015 que ya emprende su etapa final, afirmé que este sería un año relativamente tranquilo, de realizaciones personales, algo así como la paz que precede a la tormenta que estallaría el año siguiente, 2016. Bueno, pues ya se está fraguando ese porvenir haciéndose presente, y en el horizonte se van reuniendo negros nubarrones que sombríamente anticipan la que se viene encima. Las espadas, en todos los sentidos y con una solemne gravedad cual no la ha habido en la Historia, están bien en lo alto, y todos los signos del Cielo y de la Tierra apuntan a una galerna que, ahora sí, nos va sacudir en todos los aspectos como si fuéramos árboles tiernos ante el huracán de nuestras propias consecuencias. Desde hace años, presagiando ese tifón, no han dejado de morir masivamente especies (una sola cada vez) de los mares, los cielos y la tierra, en lo que parecían suicidios colectivos endógenos, cual si nos estuvieran advirtiendo que más pronto que tarde nos iba a llegar el turno. La Economía se ha ido derrumbando con crisis cada vez mayores, curiosamente al mismo ritmo que las escalas de valores tradicionales se derrumbaban, siendo sustituidas las virtudes por vicios aceptables y al mismo compás que degeneraban las sociedades en una deriva diabólica de codicia y hedonismo, pues que se ha convertido el horror, la guerra y la muerte en el negocio más rentable de la modernidad. El hombre, en cierta forma, está pereciendo a manos del hombre: si en Occidente ha sido cosificado y convertido tácitamente en un esclavo de empresas y Estados, en el resto del mundo ha sido despreciado hasta resultar su existencia sencillamente insignificante incluso como número. Las crisis morales y sociales, como consecuencia de esto, son de una magnitud sin precedentes. Los hombres trafican con los hombres, y, ante esta tesitura que ha reducido la humanidad a simple carne sin propósito, ¿qué hacer con las riadas de inmigrantes que acosan Occidente, huyendo de las guerras y el horror que el propio Occidente llevó hasta sus hogares en paz y sus Estados otrora estructurados?... Por codicia (y por sembrar ese caos que mencionaba antes) Occidente creó aquellos infiernos al destruir sus países y sembrar la muerte y el odio entre sus habitantes, y los demonios que liberaron y armaron es más que probable que traten por todos los medios de compartir sus ascuas con nosotros, quién sabe si infiltrándose en el mismo corazón de Occidente enmascarados como víctimas. El infierno, tal y como dije, lo tendremos inter nos mucho antes de lo que imaginábamos. Sin embargo, lo que tenemos ante nosotros en estos momentos no es una sola y simple tormenta, sino una ciclogénesis explosiva.

Ciertamente, no hay un foco único de tensión en el mundo. Los problemas son muchos y muy graves, y todos ellos son consecuencias de nuestros propios actos, bien sea por causa directa de haberlos llevado a cabo, o por causa indirecta, por no haber hecho nada por evitarlos. Las nubes, cuando se reúnen no dejan de ser nubes, y solamente la experiencia es la que es capaz de anticipar la gravedad de la tormenta que pueden liberar; pero solamente se sabe con certeza su alcance cuando comienza a descargar con toda su furia. Iraq fue arrasado y convertido en Estado fallido por intereses espurios de algunos poderosos a los que nadie ha cuestionado ni conducido a un tribunal para ser juzgados, y lo mismo se ha hecho con Afganistán, Libia y, en menor medida pero también de una forma bárbara, con los países en los que se provocaron las Primaveras Árabes, Venezuela, Cuba, Ucrania, Grecia y otros muchos. Tal vez los culpables de todo esto habiten en la Casa Blanca, el Pentágono o en lujosas mansiones de Texas, Londres, París o Berlín, si es que no en oscuros nidales de tétricas logias, pero los ciudadanos de Occidente se han beneficiado de todo ese horror y esa barbarie y, además de mostrarse incapaces de defender sus propios intereses laborales, morales o espirituales ante sus propios Estados, no han hecho nada por detener la deriva que ahora, con sus consecuencias terribles, nos van a alcanzar, así a los inocentes como a los culpables. Probablemente, por ejemplo, España se consideró a salvo mientras contemplaba sonriente cómo se esparcían los infiernos por esos mundos, e incluso ignoraron las autoridades que cuando se sirve a demonios se debe tener muy por cierto que de ellos no se puede esperar lealtad o fidelidad alguna porque no existen en su código, y ahora nos ha llegado el turno. No importa lo que suceda en los próximos días en las elecciones del próximo domingo en Cataluña: el germen de la guerra en España ya ha sido sembrado, porque un país casi con un cuarto de su población siendo inmigrante de distintas confesiones y con más de la mitad de la ciudadanía en condiciones extremas de supervivencia, no es posible que pase por su división y las tensiones que van a desatarse en las próximas fechas sin que se produzca un estallido social de alcance memorable. Faltaba la chispa en esta santabárbara, y algunos están quemando gasolina. Ya ha pasado antes, no hace tanto. Cuando se contempla impasibles lo que ha sucedido en otros países sin que hubiera causas específicas para ello, ha debido saberse que es lo mismo que nos alcanzaría con absoluta seguridad, sencillamente por no haber hecho nada por evitarlo. Y España no hizo nada absolutamente, sino que participó en la medida de sus fuerzas en esa destrucción, siquiera fuera en su condición de súbdito o de aliado. De lo que se siembra, se cosecha: es la ley. No se trata pues de quién gane o pierda las elecciones en Cataluña o en el mismo Estado en noviembre, sino de que eso será solamente la chispa que producirá el inevitable incendio que asolará España. Podrán verlo por sí mismos: en unos meses más los atentados extremistas serán algo cotidiano, y antes de que termine 2016 nada será como antes. No es predicción, sino proyección.

Si sintetizamos la situación internacional mediante reduccionismo y la tratamos de comprender a través de lo que sucede en nuestro propio país, ahorraremos muchos esfuerzos y podremos comprender al todo por la parte. Ante elecciones como las que se celebrarán en los próximos días en Cataluña y en los próximos meses en España, queda claro que el ciudadano se plantea «¿a quién votar?» No creo en la democracia, como saben mis lectores, de modo que ese problema lo tengo resuelto, aunque no así mis conciudadanos. El PP, lo mismo que el PSOE, son los símbolos y los adventores de la corrupción impune que ha sumergido a España en el caos que nos concierne y también los que liquidaron la soberanía nacional en beneficio de oscuros intereses, y por más que cambien las caras de sus dirigentes, que la Policía no los persiga o los tribunales no los condenen, siguen siendo exactamente los mismos: ninguno de sus afiliados se volvió contra los corruptos y los perversos, de modo que siguen ahí. Ciudadanos, es la versión de reserva del PP, un partido conservador del Sistema nacido para continuar controlando a la población por si el PP fracasa; y Podemos, como ya hemos visto en Grecia, es el mecanismo pseudo-izquierdista de seguridad del Sistema, la neo Sociedad Fabiana a la española, para controlar a la sociedad en el mismo dipolo en el que ha estado aprisionada desde que falleció el anterior dictador. Muchos creyeron que muerto Franco todo valía, pero la evidencia es que se está peor, se trabaja más, se tienen menos derechos y hasta se cobra menos por el mismo trabajo…, ¡cuarenta años después! No; esto no ha ido a mejor en ningún momento, sino a peor, a mucho peor. No se cambió de Sistema, solamente de maneras, y si Franco se autoconservó 40 años en el poder, muchísimos diputados ya han cumplido ese mismo tiempo soldados a sus poltronas y dándose la mejor vida imaginable a costa de la «democracia». Dicho de forma breve: las cosas han cambiado de tal forma que no se puede votar a nadie o solamente se puede votar al Sistema, al mismo Sistema, aunque con otra cara. En mi caso, como es obvio, no votaré por nadie, porque no existe un pillo mejor que otro: todos son pillos y lo único que merecen cualquiera de ellos, es pagar por sus culpas y no alcanzar con el respaldo popular el solio del gobierno. El voto, en consecuencia, no cambia nada, solamente lo agrava porque el votante se convierte en cómplice de lo que los votados hagan. Pero es que esto mismo es lo que sucede en el resto de Occidente: todo, todo está podrido desde la raíz porque el Sistema mismo es perverso. Sin embargo, a pesar de ello, pronto, cuando se desaten los vientos, los que bregarán por los poderosos serán los ciudadanos de a pie, esos mismos que votan, los mismos que se han apretado el cinturón para que los ricos fueran más ricos y los pobres más pobres, y los mismos que consintieron con su inacción que Occidente arrasara el mundo y contaminara de una forma terminal el mismo planeta. Todo llega, y nos alcanzó la Hora de pagar por nuestros pecados. Después de todo, si estos gobiernos han hecho lo que hicieron, fue gracias a los votos de sus ciudadanos, quienes se convirtieron automáticamente en cómplices con su voto.

La situación en Ucrania y en Siria es extremadamente grave y bien pueden ser el detonante de un conflicto nuclear. En las últimas horas, no solamente Rusia está interviniendo militarmente en Siria contra ese ISIS creado por Occidente para que destruyera a esa nación y que por ella pasaran los oleoductos que pretendían arruinar a Rusia, sino que la misma China ha enviado de urgencia a parte de su flota para involucrarse también en el conflicto. En todo el perímetro de Europa, los cazabombarderos alemanes y rusos han sido armados con armas nucleares —en las dos últimas semanas se han producido casi enfrentamientos directos entre alemanes y rusos e ingleses y rusos—, y ya los Estados Mayores de ambos bloques, y pudiera ser que también de China, Irán e Israel, cada cual en su bando, han decidido que la guerra global es inevitable y han comenzado sus movimientos estratégicos. Todo hace pensar que es cuestión de meses, tal vez nada más que de semanas o quién sabe si de días que el Infierno abra sus puertas de par en par, tal y como parece intentar abrir ese CERN que se pondrá en marcha, curiosamente, coincidiendo con la cuarta luna de sangre de la Tétrada que cierra la Shemitá el próximo 28 de septiembre. A la mayoría de los hombres es posible que esto les parezca una exageración, alarmismo innecesario o cualquier otra cosa por el estilo; pero no es nada de eso. Miren a su alrededor y vean los signos: en todas partes se verifican, y es posible que en las próximas fechas, para los más miopes, se den en el cielo, mostrándose abiertamente a todo ojo. Aires, aguas y tierras soportan una contaminación extrema que han hecho de este oasis cósmico que es la Tierra, gracias a esa inmensa abominación llamada «progreso» o Revolución Industrial, un estercolero tóxico para cualquier clase de vida: la Obra Divina ha sido saqueada para convertirla en un erial y en un ámbito de muerte y sufrimiento para todas las especies; es lógico, por lo tanto, que también la especie humana sufra las consecuencias como el actor principal que ha sido y es.

Si vis pacem, laboris pro ea» («Si deseas la paz, trabaja por ella»); pero ya no se puede trabajar por el futuro, porque no lo hay o lo que resta no es bueno. Nada humano se puede hacer por revertir el proceso cuando se ha sobrepasado el punto de no-retorno, y ese límite crítico lo trasgredimos hace demasiado tiempo ya. Trabajar por la paz, a partir de ahora, es inacción, o lo que vale mismo, acción interior: debe modificarse primero uno internamente para que cambie lo demás. Ya se ha intentado cambiar el sistema de Estado (dictadura-democracia), los gobiernos (izquierda-centro-derecha), los modos (tradicional-progre), la forma de entender las cosas (religión-laicismo) y hasta los procesos para lograr resultados distintos (artesano-industrial), y todo ello ha fracasado estrepitosamente. Nada soluciona votar, ni si habitamos una dictadura o una monarquía constitucional, ni si nos subdividimos en micropaíses o nos agrupamos en macronaciones o si tratamos de comprender el universo y la creación de una forma racional o no. Tal vez, de hecho, el error esté aquí: en el racionalismo, en no comprender desde el punto de vista existencial lo que vemos y experimentamos, sino en que lo que lo vemos y experimentamos lo tratamos de ajustar a lo que queremos comprender. Sí; tal vez, el gran error radique en que nos olvidamos de la parte sustanciosa de nosotros mismos y la enterramos en cosas caducas que han terminado por volverse contra nosotros. Como sucede con los créditos bancarios, que no son sino traer la abundancia del futuro al presente y relegar a ese porvenir lo perentorio, ha sucedido con las sociedades, las cuales han traído a su hoy los gozos del mañana, desnudando al futuro de cualquier clase de bienestar. Trabajar por la paz, pues, no es un esfuerzo que tengamos que desarrollar ya hacia fuera, hacia los demás o hacia el porvenir, porque ya no queda nada de todo eso; se trata ahora de realizar esa tarea hacia dentro, hacia nosotros mismos, acaso buscando esa paz allá donde la perdimos. Solamente cuando la encontremos, cuando nos reunamos con ella, podremos orientar nuestra paz hacia el exterior también, pero antes me temo que tendremos que purificarnos, desintoxicarnos de toda la basura que hemos devorado como si fueran ambrosias, incorporándola a nuestro acervo como parte nuestra. Es preciso desintoxicarse, y para ello deberemos sufrir y superar el síndrome de abstinencia: es la ley. Nuestra resilencia, en los tiempos que vienen, va a tener que ser muy elevada para poder soportarlos, y es hora de comenzar a ejercitarla. ¿Votar?... ¿qué más da que me gobierne un propio o un extraño, si todos ellos son corruptos que quieren de mí que sea su esclavo o mi extinción? Más allá de que ninguna de las leyes importantes que nos gobiernan han sido votadas en referendo y que solamente nos gobiernan corruptos que gracias a su posición gozan de absoluta impunidad para ningunearnos y robarnos, ¿de qué sirve votar, sino para para ser cómplices de sus fechorías?...

Por supuesto que toda esta complejísima situación ha sido provocada por apenas un pequeño grupo de personas, aunque muy, muy poderosas. «Ordo ab chao» ha sido llevada a sus últimas consecuencias por este grupo de iluminados, creyendo que estaban construyendo su propio imperio. Su objetivo siempre fue destruir la sociedad para reconstruirla según sus criterios con los escasos supervivientes, y para lograrlo lo primero que hicieron fue destruir los credos del hombre. Me sorprende la sagacidad de algunos blogueros que han sido capaces con sus propios talentos de desentrañar las claves de fechas y números rituales de los movimientos de esas elites del Mal, los números sagrados en base a los cuales hacían sus rituales o sus sacrificios de sangre, y hasta la simbología con la que han ido intoxicando a las sociedades de todo el mundo, conduciéndolas a la nada más desoladora; pero también me sorprende que ninguno de esos muchos blogueros que tan sagaces han sido, hayan ignorado o desconozcan las palabras bíblicas «pero hasta los malos sirven al Plan Divino». Efectivamente, en este mundo solamente gobernado por los malos (ambos bloques, en realidad, están gobernados por miembros de las mismas fes y las mismas logias, y pretenden lo mismo: la destrucción del hombre y la eliminación de la mayor parte de la población humana), han sido ellos los que parece que han dirigido la siniestra orquesta del horror, la guerra y la muerte que ha introducido el caos en nuestras vidas; pero es notable cómo han ido sucediéndose los acontecimientos a medida que nos alejábamos del camino correcto, de modo que se puede y se debe afirmar, que el horror ha ido llegando a nosotros a medida que nos alejábamos del camino del Bien. Los malos, obviamente, han estado y están sirviendo, acaso sin saberlo, al Plan Divino, y ahora más claramente que nunca antes, queda en evidencia que cuando uno se aleja del bien, solamente puede encontrarse cara a cara con el mal. El círculo, con esto, se cierra.

¿Exagerado?... Basta con comparar. Ya hemos visto que Occidente fue a Oriente Medio, destruyó aquellos países y los abandonó sumidos en una guerra civil de todos contra todos. O fue por negocio —que lo fue— o simplemente por maldad, que sin duda es la causa generatriz; pero es que esto mismo lo hemos podido contemplar en otros países como los que formaban la exYugoslavia. Y es más que probable que España se balcanice…, entre otras cosas, porque es seguro que no faltarán pirómanos que aticen el incendio. Pero más allá de todo, lo que importa es el ciudadano. Ninguna elite de ningún país de ningún extremo de la Tierra puede considerarse honrado, y tanto menos los de España o los de Cataluña. Pruebas sobran, con condenas o sin ellas. En la práctica totalidad de los gobiernos de la modernidad se puede verificar que sola y exclusivamente han trabajado para los ricos, los poderosos y las multinacionales: ¿Cómo alguien que no sea rico, poderoso o propietario de una multinacional puede votar, entonces?... En tal caso, ¿quién votará a favor de alguien y no contra alguien?... Se entiende el voto de un ciudadano común por odio hacia otro u otros, pero es imposible procesar ese voto por amor o simpatía hacia alguien o algunos que, con toda seguridad, van a considerar a cada uno de sus ciudadanos como su esclavo impositivo y laboral. Si a pesar de ello se acude a las urnas, no hace falta que el votante se pregunte por qué está mal el mundo: los que votan lo han hecho posible al dar coartada y cobertura a los perversos. Uno puede ser violado y conservar aun así su integridad; pero uno no puede reclamar integridad cuando va expresa y voluntariamente a que lo violen. Los que votan, en fin, son el Sistema. Que no se quejen después de lo que nos suceda a todos: ellos lo han hecho posible.

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Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05