Minueto El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

1 de agosto de 2016, por Ángel Ruiz Cediel

Minueto



A Anais

¡Dos meses ya, Dios mío, y seguía empeñado, dale que le pego, en afianzarse a su inútil existencia! ¡En qué mínimo espacio puede caber un hombre tan, pero tan grande! Le miraba, y le parecía mentira que aquel cuerpo inerme, que respiraba gracias a la máquina aquella cuyo pentagrama solamente contenía dos notas monótonas y machaconas, hubiera pertenecido al más hermoso galán, a un hombre tan vital y dicharachero que apenas si de soslayo cabía su mera sonrisa en el universo.


«¡Qué poca cosa somos, amor!», soliloquiaba quedamente la mujer, derramándose en agruras al contemplarle aprisionado entre todos aquellos mecanismos que mantenían vivo su aliento y rendida su tiesura. «Ayer el mundo nos concernía por derecho, y hoy..., ya ves en qué hemos venido a dar. Somos nada más que polvo armado con forma humana, barro y suero aleados para lo baldío, carne encaramada a un esqueleto y promesa de fieros gusanos que han de devorar tanta inútil pasión y tanto desvelo. Te veo, amor, pero no te veo; te contemplo, más solamente tu ajena figura; siento tu calor, y únicamente me parece deshabitado hielo usurpado a la muerte que usufructúa una vida aparente de latidos prestados y mecánicos alientos. Estos tus labios, no son tus labios, amor, no; no son los que tempestivos enseñaron con fulgurantes versos y ardorosos besos a las llamas el ardor posible del fuego. Estas tus manos, no son tus manos, amor, no; las que supieron de las caricias las blanduras probables de las sedas y sus secretos, las que cuales pájaros dichosos fueron capaces trisar entre los ululatos del planeta, levantando un enamorado festival de enardecidos acordes y de diáfanos minuetos. Estos tus ojos, no son ya tus ojos, amor, no; no, no son los que contuvieron el esplendor estelar de los luceros, la espiritosa rutilancia de tu inocencia de niño viejo en un destello de hombre prendado de la vida, de mí que estaba yo pensando, de un porvenir que nos ha dejado al pairo en medio del vendaval en este mundo estragado. No, mi amor, tu cuerpo no es ya tu cuerpo. Nada de ti eres tú, porque te has ausentado de ti, de mí, del amor, dejándonos huérfanos, baldíos, inútiles como guiñoles en el arcón de nuestra quejumbre, sin la sublime mano que nos anime como a Lázaro, empujándonos a la emoción del día o de la noche, de la risa o del llanto y de la luz y de la sombra. Solamente cernidas tinieblas me has dejado, un sordo eco de ti que rutila en mi alma desesperado sin saber a qué voz responde, quién fue su dueño y dónde, amor, se esconde tu hálito verdadero. ¿Adónde, amor, te fuiste? ¿Qué dichoso paraíso te contiene alborozado, que hasta nos niega el dibujo de tu recuerdo? ¿Qué Dios egoísta te retiene, teniéndolo todo, que hasta tu luz nos niega, que hasta tu presencia nos resta, que hasta el cimbrado timbre de tu voz asorda, acalla, ahoga? Trato de recordar tu sonrisa, y no puedo; me empeño en remembrar tu júbilo de hombre apasionado, y solamente sombras y acíbares me encenagan la memoria; me obstino en trasponer a mi ahora tu música, y únicamente hace simienza en mí la tensa nota única y zumbona del silencio más cerval y deshabitado. Se apagó la música de tus manos, de tu alma, aquélla por la que viviste y moriste, la que nos condujo por la partitura del amor como un bemol de excelsa armonía. Se apagó tu melodía y tu mundo, amor, para siempre, y solamente ha sobrevivido este cuerpo pecio, testigo de tan inmenso naufragio, tu ausente presencia, tu nada y mi nada atiborrándolo todo. Quieren desenchufarte, amor. Quieren aprovechar de ti tu nada para que sea todo en otros, una oportunidad de risa o de lágrima, de paz o de guerra o de amor o de odio. Y he dicho que sí. Lo he dicho, amor, porque tú ya no eres tú, porque no te reconozco en esos dos arpegios, en esa sístole mecánica y en esa diástole plástica. Nunca cupo en ti una simplicidad tan grande, y hora es de que me desprenda de mí y te libere, acaso entregándote a la armonía de la eternidad o a ese Dios egoísta que te reclama para sí, porque sin ti, amor, hasta el mismo Cielo está incompleto: ¡Dios, mi amor, está inconcluso sin ti! Quieren tus córneas para que sean el nomon de otros hombres o mujeres, quién sabe si niños, y a su través se zambulla la luz en sus almas y marque el decurso de la existencia descubriendo hora a hora el perpetuo prodigio de la vida. Quieren tus riñones, amor, tu hígado, tu bazo, tus pulmones, para que otros que no eres tú puedan caminar al sol o a la sombra, descubrir por su propio pie las veredas de la primavera o las bohemias sendas del otoño, quién sabe si sentir la fatiga del estío o hundir libremente su huella en lo más níveo del invierno. Y he dicho que sí. Lo he dicho, amor, porque tú ya no eres tú, porque no te reconozco entre todos esos avíos y ese revoltijo de cables que te hacen parecer nada más que un ingenio de la ciencia, quizás para que retoñes en los demás y no sé si con la esperanza de reconocer en un extraño parte de tu esencia de hombre vulnerado por la pasión, o con la certidumbre de no enterrarte jamás del todo antes de que la tierra me cubra para enamoradamente ir a tu lado en cualquiera que sea el infinito en que te encuentres. Lo quieren todo de ti, toda tu nada, amor, y he dicho que sí. He dicho que sí a todo..., menos a tu corazón. No; a tu corazón, no: ¡jamás! Tu corazón, amor, ha sido y es mi casa, mi refugio, el templo en el que he rezado al Dios mismo mano a mano. A su ritmo te he escuchado, te he sentido y he soñado mientras te desgranabas en este afecto imperecedero que nos irguió sobre el barro y nos hizo hermanos naturales de los ángeles y los pájaros. No; el corazón, no, amor: ¡jamás! Lo demás que se lo lleven, que conviertan en ripio la cantera vencida de tu cuerpo, que lo dividan como los panes y los peces para que prolifere en mil vidas; pero tu corazón, no: ¡jamás! Él, conmigo, a mi lado y en silencio, como mi alma, como mi vida, como este porvenir que presiento de obstinada desolación y de afligidos lamentos. Él aquí, clavado como un Cristo a mi costado, como este amor que me atraviesa el pecho y me vacía extasiada, como esta inconsolable soledad a la que me siento setenada sin posibilidad de redención. Él aquí, conmigo, cosido a mis entrañas, porque no es tuyo, sino mío. Sí; mío y bien mío. El aquí, amor, aquí, en mí como yo estoy a tu lado, que ni Dios ha podido moverme de este cuarto ni Dios podrá quitármelo, porque aquí me quedo, en la ribera de tu alma, vigilando, vigilando. Él es, amor, cuanto he sido y soy, ya que todo, todo me lo ha dado sin que nada le pidiera, y sin él no podría ser sino, acaso, el resto de mi naufragio póstumo, ése que la marejada del dolor arrojara a esta yerma orilla de vida, derrotada, vencida. Amor, a su lado, donde quiera que esté, te esperaré cada hora que me reste, aguardando esa fausta arena final en que ambos latan al unísono, porque los dos se habrán callado, por fin, para habitar la eternidad solfeando. Hasta entonces, amor, hasta entonces es mío y solamente mío y, entonces, amor, te lo devolveré multiplicado.»

El doctor entró apresuradamente en la habitación, reclamado por la enfermera de la unidad de cuidados intensivos. Sin decir palabra se precipitó sobre la mujer, la tomó el pulso, la levantó un párpado, pasó ante la pupila su linterna y agitó la cabeza negativamente.
—Déjenla —les ordenó a las enfermeras que se afanaban en recuperarla—, es inútil: al menos lleva dos horas muerta.
El respirador mecánico repetía machaconamente las dos únicas notas de su pauta y el monitor cardiaco replicaba tediosamente con la suya; pero a quienes allí estaban, por un instante, les pareció que se alteraban sus acordes y que se entretejían los compases de un minueto suave y abemolado, como interpretado a luz de gas, que lentamente se iba sofocando en la desolación del silencio.

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Videos de mis novelas







Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05