Puñados de amor El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

23 de julio de 2017, por Ángel Ruiz Cediel

Amor a puñados



Tal vez quisiera de ella nada más que un juego de carne que se celebrara en su cuerpo de fantasía, taponar con un amor otro amor que sangraba todavía, o quién sabe si un pedazo de aquella alma que poseía una geografía de calma más propia de los ángeles. Todos los másteres del amor los había suspendido, pero a pesar de lo vivido sé que la vi y que la quise instante, con el anhelo de quien podría llenar mis diez mil vacíos con pedazos de cielo y sofocar todos mis fríos de incontables amores fallidos con un solo amor verdadero. Certero para el fracaso, me dijo el corazón que había llegado el caso de triunfar allá donde nunca lo había hecho, y que su carne de luna, sus ojos de océano y su cabello de fuego colmarían el dolor de mi anhelo, siendo ante mi falta, virtud, y quién sabía si alguna donde nunca supo serlo ninguna. El pulso abierto y corazón serenamente desbocado, proclamaron vivo lo muerto en un desconcierto de sangre que renunciaba a su vocación de suero ligeramente cuajado; aunque de sobra sabía que en las cosas de amor siempre hay que andarse con cuidado, se me presentó la porfía de tomar al instante el presente que la cicatera vida me ofrecía o perderla para siempre, y acepté una vez más vivir sin exceso de cautela, que es la tasa que se entrega por alcanzar los sueños, aun a riesgo de quedar una vez más decepcionado. Desde luego, la gloria sólo la alcanzan los osados que derrotan a sus propios miedos, y quien no está dispuesto al riesgo, y aun a que le rompan el corazón, más le valiera permanecer en su rincón a salvo de los quebrantos del juego.

Quiso la suerte o el hado que cayera el dado de la parte de la fortuna, y en poco tiempo se erigió del afecto nacido un palacio desmedido que se proyectaba hacia un cielo hospitalario muy por encima del mundo. Fecundo, desde allí todo se contemplaba, y en el otro cielo de las miradas siempre había bandadas de golondrinas de luz que chispeaban por influjo, no sé si del amor, pero es seguro que del deseo. Sin embargo, nada es para siempre, nada, y de forma inopinada, no mucho tiempo después comenzó a desmoronarse el palacio a la misma vertiginosa velocidad que se levantara. El miedo a volar ata siempre los pies al suelo, y entre la pecina del cieno se mueve la escolopendra de la realidad con rabiosa agilidad gracias a las diez mil patas de otras tantas falaces circunstancias: que si los niños…, que si los perros…, que si el trabajo…, que si el tiempo… No tengo que relacionar los incontables argumentos que pueden empuñarse cuando el pánico fuerza a asentarse dentro del área de confort, porque incluso la felicidad como la inteligencia, genera monstruos e incuba miedos; después de todo, el autocastigo o el autosabotage es el mayor enemigo de los sueños, o tal vez la prueba para que cada quién sepa si son o no verdaderos.

El caso es que la quería, sí; y por eso, tal vez, recurrí al sacrificio, que es el precio que se abona por convertir en sagrado aquello que no es o que corre el riesgo de no serlo, ofreciendo a mi orgullo como víctima oportuna porque en mi fortuna otros bienes no tenía. Merecía la pena, según creía, y, aunque sabía que aquello que pretendía era intentar retener el amor con mis manos como quien agarrara agua a puñados, ignoré a propia intención que quien no está dispuesto a sangrar por lo que ama —tanto más a salir de su zona de confort y a aventurarse en tierra extraña—, el Cielo sí o sí se lo habría de quitar, y tiene muchas maneras de hacerlo, casi tantas como excusas o circunstancias se pueden llegar a empuñar; pero igual me quise negar, admitiendo que podía estar equivocado en esa ocasión, o que tal vez ella era la excepción de una regla demasiado rígida: lo que sucediera de ahí en más con la vida, sopesé, no quedaba de mi parte, sino acaso de la de ella o de la del destino, que en ese caso venían a ser poco más o menos lo mismo. Por mí, en fin, que no quedara, y puesto que en aquel afecto veía el triunfo de cuanto sentía por verdadero, bien valía el esfuerzo y aun una misa. Y sobrevivió el amor sin prisa durante un tiempo, aunque ya algo tocado, quedando aquel palacio aéreo reducido a una casita en el suelo y el infinito a un torpe reloj que medía los pequeños espacios que restaban entre el trabajo, los hijos, los perros, los amigos, las compras, la intendencia, la familia, los deberes, las ocupaciones intempestivas, las urgencias… Inevitablemente, los dichosos pájaros chispeantes de las miradas se fueron trasformando en ceguera de murciélagos; las conversaciones, en ambiciones ansiosas de la rutina; las caricias, en tediosos rituales para agnósticos; y el sexo, en una unión desbrida que cumplía con la liturgia de una manía lo que otrora fuera lumbre que ambas almas abrasara. Vamos, que se apagaban los sueños y se encendían las interpretaciones de vida de lo que poco a poco iba siendo un cadáver, en los cada vez más cortos espacios de fin de semana, mutando lo espontáneo en actuaciones calibradas o fingidas, y perdiéndose para siempre el deseo de construir nada que cupiera entre aquel asfixiante laberinto de artificiosas circunstancias. La muerte seguía tejiendo, entretanto, un feo sudario para aquel amor que quiso palpitar como un ser vivo pero que iba muriendo.

Todo lo puede hacer el amor, si de los dos nace, pero ningún amor de uno, por grande que sea, puede resucitar un cadáver. Es inútil tratar de hacer navegar a una isla con una cuerda, y no tardé en comprender que el instinto de mi compañera la anclaba con mil áncoras de roca a lo más profundo de la tierra, bien amarrada por aquellas patas infectas de la perversa escolopendra de las circunstancias. Cuando un alma se enferma de pánico, en vano es tratar de insuflarla valor y mucho más tratar de reverdecer los sueños que animaron a quien se desterró de aquello que para ella, aunque no lo nombrara, fue el sueño fugaz o la loca aventura de un amor de verano, y el verano había terminado. Es preciso aceptar, aunque nos caiga en suerte, que el fracaso e incluso la muerte no es algo que sólo les acaece a los demás, y hay quien desea, no amar, sino vivir una historia apasionada pero breve como en una novela, una película o algo así, de modo que cuando deja de sentir la ilusión de esa fantasía prefiere la otra realidad de las rutinas en la que, tal vez, aparezca pronto otro nuevo donjuán que arrobe su corazón siquiera sea por unas fechas. Lo sabía: la quería, sí, y por amor preferí olvidar con empeño que al amor no le mata el último no, sino el primero. De éste en más, solamente resta agonía, una larga y dura melancolía que va inundando el corazón hasta dejarlo reducido a ruinas y desolación. No; no es el último no, sino el primero; cuando aparece como impedimento una circunstancia cualquiera, por pequeña que ésta sea, llegó el momento de la partida, por prudencia, porque la vida con esto ya pronunció su sentencia: por grande y ufano que sea el corazón, es imposible retener puñados de amor.

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Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05