Germen de Dios, semilla del diablo El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

26 de julio de 2016, por Ángel Ruiz Cediel

Germen de Dios, semilla del diablo



Leed el cuento que una tarde me contó la Abuela:
«Dios estaba tan solo al principio y le sobraba tantísimo amor que, no teniendo a quién dárselo, creó a los hombres. Fueron estos unos seres muy, pero que muy hermosos y meditados. Sin embargo, el diablo, quien todavía era su ángel predilecto y hasta entonces había podido imitarle en todo, comprendiendo que no era capaz de crear nada por sí mismo, por envidia de Él puso su propia semilla en ellos sin que el Creador lo percibiera.


»Una vez terminado el proyecto humano, asentó Dios a sus creaturas sobre la Tierra, igualmente creada a su medida, esplendente y abrotoñada de maravillas, y tuvo Él, al fin, sobre quién derramar la infinita ternura que sentía.
»—Sed fieles —les dijo—. Mirad que habréis de dejarme en buen lugar, ya que en vosotros está mi germen.
»Empero, en ellos estaba el germen de Dios y la semilla del diablo, la cual, por ser mala, creció más aprisa que aquel, cundiendo en sus almas y ganándoles para su indigna causa.
»Al principio, el tiempo trascurrió con desmedida felicidad y grato alborozo, complaciéndose las creaturas en su Creador y el Creador en sus creaturas; pero un día, Dios percibió con dolor que los seres que con tanto amor había creado eran débiles y cedían con facilidad a la perversión de sus instintos, inficionándose con cuanto de baldón había arraigado en ellos, pues más gustaban de lo fácil y placentero a sus sentidos que de lo esforzado y provechoso para sus espíritus.
»Comprendiendo que allí se veía la mano de su ángel, a quien el mucho conocimiento adquirido le había tornado suspicaz y envidioso, le llamó para pedirle explicaciones, y le dijo:
»—¿Por qué hiciste esto, traicionándome?
»—Porque tu obra es imperfecta —se justificó—, como imperfectos somos nosotros, incapaces de crear nada, salvo la maldad. Pero ve que esta es más fuerte y arraiga con mayor señorío que el bien.
»Encolerizado, Dios expulsó del Cielo al demonio y a cuantos le apoyaban, diciéndole:
»—Pues partidario del horror eres, ahí tienes el Infierno, un reino creado a tu medida, al igual que a la medida de los hombres creé la Tierra. Y puesto que Yo estoy por encima de ella, pues bueno es cuanto creo, estate tú por debajo, ya que es malo es lo que haces, y quede el hombre en medio, por ser su causa la que nos separa. Sea la oscuridad tu imperio y el dolor tu goce, sea el terror tu fuerza y la envidia tu ciencia, sea lo efímero tu regocijo y lo caduco tu riqueza, y sea así por una eternidad.

»No obstante, el Creador, quien tantísimo quería a los hombres y quien tanta ternura precisaba derramar, se culpó a sí mismo por haberles dejado de su mano siendo aún tan tiernos, de manera que se hizo el propósito de que sintieran siempre muy cerquita su presencia amiga, para que cuando llegaran las flaquezas que les imprimían la semilla del diablo, Él pudiera ayudarles.
»Y el mundo volvió a ser hermoso. Hubo dificultades porque, siendo los hombres creaturas celestes, no podían habitar la Tierra sin mostrar ciertos desbarajustes y alteraciones; si bien, todo se coadyuvaba con su firme apoyo.
»Rabiando el diablo —porque de veras rabiaba—, caviló largamente la forma del desquite. Al cabo de mucho devanarse la sesera, trazó un plan perfecto: puso a un lado un demonio tan horripilante y monstruoso, tan cruel y desalmado, que nada más verle los hombres corrían despavoridos hacia el lado opuesto, cayendo en las redes de otro demonio que fingía ser bueno y apacible y tener remedio para las calamidades que el primero les había infligido, el cual consistía en contarles bellísimas historias que no eran sino verdades a medias, que es decir las más gordas y peores de todas las mentiras. Y si esto hizo el Maligno en una cosa, lo hizo en todas: inventó la cultura y la anticultura, ideó el radicalismo y la pasividad, instituyó la rebeldía y el servilismo, y, en fin, cuantas cosas contrarias hay, no siendo ninguna de ellas auténtica, de tal suerte que quien no cayera en un lazo, pusiera el cuello en el otro.
»No es difícil suponer que cuando Dios tuvo conocimiento de esta trampa corrió en ayuda de sus creaturas amadísimas; pero ¿creéis acaso que se dejaron auxiliar?... ¡Qué disparate! Tan engalladitos estaban con su falso protagonismo y sus locuras, que al mismo que les creó le acusaron de desvariar.
»—¡Si es que no nos dejas vivir nuestra vida, caramba! —protestaron—. Es que así no puede ser. ¿Tienes que andar siempre hocicando en todo?... ¡Ya está bien! ¡Respétanos y te respetaremos! Ahora, que si nos has creado para manejarnos como a títeres..., pues, ¡hala!, a servirte de entretenimiento.

»Dios, que es bueno, pensó que tal vez había creado seres más inteligentes de lo que se propuso en un principio, y aceptó no interferir nunca más en sus asuntos a no ser que se lo pidieran expresamente. Llegó a razonar, incluso, que quizá estuviera resultando empalagosa su conducta y que por esa causa se echaban en los brazos del diablo; pero que en cuantito se dieran unos buenos testarazos, ¡hala!, volverían al redil y con la lección bien aprendida. Así pues, no le pareció mal la idea y, tranquilamente, con infinita paciencia, se decidió a esperar que le reclamaran ayuda sus queridísimos hijos. Tenía la seguridad, por otra parte, de que en los momentos de mayor peligro el germen divino que había en ellos florecería, dándoles el valor preciso y la templanza suficiente para salir airosos del paso.
»—Bien está —convino—; pero recordad: cuanto es bueno y cuanto no lo es ya está escrito en vosotros, pues resultado sois de mi germen. Así, cuando dudéis buscad en vosotros, y, si aun buscando no encontráis, llamadme, que Yo acudiré enseguida y os mostraré el camino. »El tiempo pasó y pasó, y, a pesar de que las cosas iban de mal en peor, nadie reclamaba su amparo. Los niños eran buenos, tanto como Él les había creado al principio; pero en cuantito crecían, los mayores les hacían más y más malos, y cada generación era siempre peor que la anterior. Cada vez era más corta la infancia, porque los adultos hacían florecer antes en ella la semilla del diablo, pues todos eran esclavos de la Bestia y ya carecían de voluntad para negarle nada, ni a sus propios hijos. El germen de Dios moría dentro del pecho sin arraigar, ahogado por la maldad de las gentes, la cual llegó a ser tan abrumadora que incluso encumbraron a quienes les proporcionaron argumentos para que tan grandísimas bajezas semejaran virtudes. Y como la mentira es más fácil de creer que la verdad..., pues se la creyeron enseguidita. Tanto, tanto alcanzó el mal, que la propia sabiduría y comodidad de que los hombres se habían rodeado y todo el hermoso mundo en que habían asentado sus reales, se fue trasformando en inquietud, belicosidad y pesadumbre. Tal vez por eso a quienes no eran como ellos los eliminaban, como prohibían con severidad cualquier acto o idea que les indicara la gravedad de su error. Y si hicieron esto por sufrimiento con semejantes o ideas, lo hicieron también con su bello mundo, infestándolo como a su alma de su maldad; de modo que, en un loco afán por experimentar placeres y adquirir bienes que les ayudaran a olvidar su dolor, se sirvieron de los más débiles como si fueran mercancías y contendieron entre sí ferozmente, esquilmando ríos y mares, destruyendo bosques y aires, exterminando bestias y hasta corrompiendo el agua que bebían y el aire que respiraban. La soberbia y la fuerza, hijo, son las máscaras de la tristeza y la ignorancia.
»Y así fue hasta que un día los hombres, hastiados de su debilidad, hartos de su lucha sin sentido y de su dolor sin objeto, llamaron a Dios y le dijeron:
»—Compadécete de nosotros, Señor, y olvida lo te reprochamos un día. ¿No ves que esto no es vida?... ¿Es para esto que nos creaste?...
»Pero Dios no respondió porque un gran nudo en la garganta le impedía hablar. De sus ojos cayeron copiosas y mudas lágrimas, las cuales bebió con amargura infinita porque tenía mucha ternura para derramar y un grandísimo amor por repartir.
»—Ayúdanos, Señor —le apremiaron con irritación sus creaturas—. Apresúrate, que sufrimos grandes tormentos.
»Y como Dios les amaba tanto, y porque de veras quería ayudarles, los destruyó.»

Este cuento pertenece a la obra "Dimensiones I"

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Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



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