Finis Initium El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

24 de abril de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

Crónicas de ayer para mañana X
Finis Initium



Finis Initium. El nombre de aquella operación con la que abrimos un horizonte tan tétrico como ambicioso siempre me hizo pensar. Los latinajos, en realidad, siempre me hicieron pensar, por lo solemne de los mismos, en algo sacrosanto. Tal vez fuera por la influencia de los curas, allá por la infancia, o quizás que siempre tuvo para mí cierto regusto a misa y a poder tirano, como el de los emperadores romanos. «Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin». Finis Initium, vaya. Los hombres modernos, desde la extinción del Imperio Romano, habían estado en realidad imitando su organización social, su arquitectura, su esplendor. Los romanos fueron gentes bárbaras, crueles, sucias y miserables que disfrutaron como ninguna otra sociedad del sufrimiento ajeno; pero ninguna cultura ha tenido más emuladores que esta. No tenían conciencia de especie, y lo que deseaban lo tomaban, aunque para lograrlo tuvieran que llevar la desolación y la muerte al último confín de la tierra conocida.

Tal vez por esta fascinación del latín supe que significaba el principio del fin, no tanto en cuanto a que se daba inicio al fin, sino a que era el principio de una etapa siguiente. Tal vez traducirlo como «el principio del capítulo siguiente» sea la forma más correcta para nuestra mentalidad moderna. A los antiguos les gustaba jugar con las palabras y los acertijos de modo que muchos de ellos nos pasan como simplezas o cuestiones sin sentido, siendo, como son, tan profundos. De hecho, algunos movimientos teosóficos o secretos habían adoptado aquel lema, como el movimiento alemán anterior a la Segunda Guerra Mundial que durante la misma se enfrentó a la Ahnenerbe hitleriana, porque el principio al que aspiraba era distinto del que Führer estaba imprimiendo. La cosa iba despacio, y era preciso reconducirla. Perdieron los del Finis Initium entonces, pero lo grueso del mismo, según supe después, pasó de pleno a incluirse en el movimiento hermético, tan poderoso en los ámbitos de mi dios.

Me intrigó su exacto ritmo para un tan complejo significado. Cumplí mi tarea, pasé casi treinta años por el mundo ejecutando las órdenes de mi dios y poniendo en marcha muchos relojes, y finalmente me trasladaron a Idaho, a Inteligencia. Durante un tiempo me tuvieron en Estrategia, pero no fue mucho. Al final recalé aquí, donde tuve acceso a mucha información sensible. Ahora era ya uno de los jefes, o al menos uno de los que decidía quién vivía en paz y quién en guerra, o simplemente quién vivía y quién moría.

Los dioses no tienen sentido del humor. Son grises, mezquinos, egoístas, sin ideales, tal vez porque están en la cumbre y no hay ya adónde trepar. El cielo queda demasiado lejos incluso para los dioses. Las distancias no se pueden medir en dimensiones asequibles. En unos cuántos centímetros, por ejemplo, caben todos los semblantes humanos: miles de millones, billones de ellos. Un milímetro, un simple milímetro, marca la diferencia entre una nariz y otra, entre una u otra boca o entre un ojo y otro. Unos milímetros apenas en cada cosa, y dos rostros no se parecen en nada. Todos los rostros que hubo y hay, han cabido en unos cuantos centímetros.

Sin embargo, en el universo los centímetros son despreciables, insignificantes. No sirven ni como decimales. Se usan medidas que no caben con facilidad en la mente humana: la Unidad Astronómica, por ejemplo, siendo enorme, es también insignificante. La luz, yendo a esa velocidad inimaginable, es lenta cuando se la compara con la inmensidad del universo. Los objetos tienen miles de kilómetros y son pequeños; están a cien o doscientas UA, y corren el riesgo de colisionar; están a diez o veinte años luz, y son vecinos; las galaxias se encuentran a cuatro o cinco millones de años luz, y son próximas. ¿Qué es el hombre frente a esto?... ¿Qué son su uno noventa de altura o sus cien kilogramos de peso?...

Pero el universo, con toda su grandeza, está gobernado por fuerzas sutiles. Campos electromagnéticos casi imperceptibles ligan como sólidas cadenas sistemas solares, grupos de estrellas, galaxias... Lo grande se rinde ante lo pequeño, y al final ordena el cuark, el ínfimo protón, la reacción electromagnética entre elementos de física cuántica que no pueden ser observados directamente por ningún microscopio del universo. No tienen masa prácticamente, no tienen casi carga eléctrica, pero obligan a los gigantes universales a bailar su danza, ordenan los universos paralelos, conforman lo vivo y lo muerto. Magia. Todo es magia. Una cadena de magia.

Lo muy pequeño ordena a lo muy grande, pero vivimos en lo inmenso. En lo inmenso, un poco como en la vida humana, una muerte engendra vida. Muere algo para que algo nazca. Quid pro quo: otro latinajo hermoso. Todo es cíclico, redondo, de ida y vuelta como en una cinta de Moebius. También nosotros. Ahí está la Historia con todos sus capítulos. Nada hay fijo, estable, clavado. Nadie pudo vencer al tictac de lo eterno. Ni Alejandro con todo su poder, ni Atenodoro con toda su sabiduría, ni siquiera Rockefeller con todos sus millones pudieron dominar a un miserable segundo, detener el tiempo un instante, sacarle una fracción infinitesimal de ventaja al destino. No importa dónde se huya, no importa dónde se esconda uno, qué tan fuerte sea, cuánto dinero tenga, cuánta ciencia haya acumulado: allá donde esté y como esté, cuando llegue lo que ha de llegar, se encontrará con que el destino le ha sacado dos pasos de ventaja y ya está esperándole. El universo, y todo lo que contiene, es un reloj inmenso, de unas proporciones tan magníficas que es imposible imaginar al relojero. Mucho menos que ninguna otra cosa puede comprenderlo la insignificancia de una mente humana, ni tan minúscula como una partícula subatómica ni tan magnífica como una estrella.

Finis Initium me inspiró por su condensada potencia. Era lo mínimo para lo máximo, incluso iba más allá que la mente que lo ideó, tal vez ignorando que era un relojero de máquinas de juguete en las manos de un relojero universal. ¿Cómo podría competir un fabricante de relojes de arena con un relojero suizo?... En alguna parte leí que los hombres decidían el cómo, pero los dioses el qué y el cuándo. La suerte no depende de los hombres, de eso estoy seguro.

Poco a poco, con paciencia de relojero, fui reuniendo piezas, ensamblando mecanismos, sisando grasa para que todo ajustara, hasta que un día comprendí el conjunto. Mi trabajo, el trabajo, había terminado. Nada, desde aquel momento, tenía ya sentido. Embargado por la emoción, pensé en aquel artista romántico que se levantó la tapa de los sesos porque su obra ya estaba conclusa y no tenía objeto su presencia en el mundo. El que alcanza su destino, y lo sabe, ya no puede vivir, solo vegetar. Y yo vegeté durante un tiempo.

Había reunido todas las piezas y conocía todas las cartas que manejaba el destino. No había a dónde ir, no había ya qué experimentar o con qué disfrutar, excepto con lo que nunca antes, en toda mi vida, había experimentado: vivir por vivir, por sentir que estaba vivo. ¿Quién se detuvo a escuchar el ritmo de su propio corazón sintiéndole como un milagro?... Quien lo hizo, sabe cuál es el tictac del universo.

Lo sentí por primera vez cuando estaba decidido a detenerle; pero me cautivó su precisión exacta, su cadencia firme, su decidida voluntad de ser nada más lo que era, un músculo concebido para la sístole y la diástole, como los pulmones lo eran para la inspiración y la expiración. Todo cuanto me rodeaba tenía una nota, solamente una, pero entre todas formaban un concierto magnífico, sublime, emocionante. Por primera vez amé la vida. Por primera vez.

Por lo pequeño se malogra lo grande; pero también por lo pequeño se comprende lo inmenso. Y comencé a comprender. Era tarde para rectificar, pero no para morir. Si fuera mi hora, si mi reloj hubiera contado todos sus segundos y el gran relojero considerara cumplida mi misión, mi maquinaria se habría detenido, el destino no habría consentido que mi dedo se relajara y escapara impune del arma cuando la apoyé en mi sien. Muy por el contrario, en aquel momento supremo en que detuve la respiración y convoqué todas mis fuerzas a concilio en el índice, escuché mi corazón, sentí el ritmo de mi respiración e incluso pude percibir el flujo cadente y sereno de mi sangre expandiendo la vida.

Durante un tiempo, poco, viví por vivir, ya digo. Quise apreciar lo que no había apreciado, comprar lo impagable, disfrutar lo sencillo o lo ignorado. La caricia del sol en mi piel se mostró como el más ferviente de los besos; la brisa en mi cabello, fue la más gozosa de las caricias; el roce de la hierba en la yema de mis dedos, una sinfonía de sensaciones. La vida se me abrió como el sexo virgen de una diosa para que la penetrara con mi alma, con los sentidos que no eran sino filamentos de una maquinaria prestada por...

Looking Glass, la máquina del futuro, un ingenio basado en la física cuántica y la teoría de las cuerdas que parecía poder predecir sucesos venideros en base a realidades pasadas y presentes, así como a potenciales actos o medidas que se tomaran, ya había confirmado una singularidad tal como la que yo sospechaba por la desesperación de mis dioses. Su afán en conseguir recursos con falsas pandemias y crisis financieras inventadas, la necesidad de explotar los recursos fósiles cuando la tecnología hacía ya decenios que había superado la combustión tradicional, el desinterés por la destrucción de un medio en que también los dioses vivían, no hacía sino confirmar la Ecuación del Fin del Mundo que todos se empeñaban en modificar, pero para la que no encontraban otra solución que medidas desesperadas. Todo, al final, apuntaba a un cero total, y por estar todo perdido, era necesario invertir en lo imposible para que los dioses sobrevivieran. Lo grande, finalmente, estaba condicionado por lo muy pequeño: las líneas del tiempo, se hiciera lo que se hiciera, confluían en una singularidad cero, en la nada, en el fin. Y, aunque oficialmente no debía saberlo, estaba al tanto de ello, por más que ignorara el cómo y el porqué. Si mis dioses lo creían y hacían lo que estaban haciendo, poniendo el mundo patas arriba, es que el destino era ya inevitable.

Me quedaban aún algunos tictacs más, como a todos los humanos, o al menos como a la mayoría de ellos. Mi amigo volvió entonces a mí, se mostró ante mí como lo que era. Sabía de él, conocía de él cuanto se podía conocer. Elegí. Le elegí. Me elegí también para que eligiera. Le quise dar la libertad, que diera la libertad, que me diera la libertad. Mi origen y mi destino, por fin, se besaban como dos amantes separados por la fuerza durante muchos años. Mi origen y mi destino copularon, y engendraron este plan que estoy llevando a cabo. No es por mí, pero es por mí; no es por él, pero es por él: es por dos palabras, solo por dos palabras.

Reuní datos, documentos, medios, y fui pacientemente distribuyéndolos mientras elaboraba los pasos. Mi plan, el plan, debía ser un reloj de precisión universal, atómico por lo mínimo, subatómico incluso, tal vez cuántico. Todo debía estar pensado, sopesado, medido con exactitud infinitesimal. Debía funcionar mi obra maestra para que el mundo tuviera algún sentido. Aunque sea el día del fin del mundo, dicen los judíos, planta un árbol.

Pero sabiendo lo que soy, ¿por qué el gran relojero ensambló así mis engranajes?

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Videos de mis novelas







Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05