A fin de cuentas El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

18 de marzo de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

A fin de cuentas



Perdóname, amigo, el gesto insolidario, pero mi interés por el mundo va perdiendo sentido a diario. Quiero decir de ese mundo de afuera, el de la política, el fútbol, las trampas de la economía, los Armagedones y todo eso, y no del entorno en el que me hundo con gusto en lo importante. Debe ser cosa de los años, que cuando pasan siempre tienes la impresión de que las cosas se repiten, que lo vivido es una reposición de un capítulo antiguo. La vida, a estas alturas, es un disco rayado que machaca y machaca sobre lo mismo como un tonto de baba, y sé que no hallaremos otro paraíso que aquel que cada cual se construya; esto es, ninguno.

La vida, según lo veo, es un mercado de ofertas y saldos dirigido por piratas. Los hay que venden miedo y también quienes compran esperanzas nuevas o usadas, certezas mínimas a las que aferrarse para no sentirse vacíos. Los hay que venden ilusiones, estatuas de humo o nada más que palabras, y quienes ven en eso quién elija por ellos porque la libertad les espanta. A lo mejor es que me hice mayor y le perdí el respeto a la incertidumbre, o que me excita la incertidumbre de saber qué pasará luego, con qué me sorprenderá el mañana o de qué modo la vida se las ingeniará para tronchar mis cálculos. Prefiero el ahora, realidades o sueños. Ya sé que hay muchos que ahorran para después o para otro día, pero prefiero las manos en los bolsillos y una sonrisa. He conocido a muchos que acaparaban de todo, como los cuervos, pero que nunca lograron nada que valiera la pena, porque cuando se vayan nadie los echará de menos. El bienestar de los poderosos es rodearse de gentes que no les quieren más que por su dinero, pero ante los que pueden presumir de tener o ser lo que ni tienen ni son; y el de los que no creemos en eso, nada más que queremos, la mayoría de veces sin causa. Es más, siempre lo hacemos sin motivo, así, porque sí, porque lo que tiene verdadero valor es precisamente lo que no tiene precio, lo que no se puede comprar ni vender, lo que no mide ni pesa, lo que no ansía ni espera, lo que no se toca, lo que no huele, no que no cotiza en bolsa, se debate en el parlamento o sanciona el rey. Perdóname por mi insolidaridad, amigo, pero no puedo soportar con tan poca espalda el peso de los problemas del mundo, y seguro que de bien poco le ha de servir a la ballena azul que yo le dé vueltas a la cabeza sobre cómo ayudarla, cuando no tengo claro ni qué pinto aquí, y ya ves que estoy mucho más cerca. Soy así, de modo que no me lo tengas en cuenta.

Siempre hubo gentes honestas con más cerebro que yo, pero los males fueron los mismos, y hubo guerras y hambre y dolor, y lo que es peor es que todo va a peor. No sé de qué sirvieron, ni siquiera si sus propias vidas, pese a su sacrificio, no estarían manga por hombro. Sé que soy un poco egoísta y que mi forma de ser es insolidaria, pero prefiero cambiar a cambiar la sociedad, prefiero comenzar por mí mismo porque me tengo más a mano. No exijo un salario por eso, ni ruego apoyo universal cuando me siento solo, el hígado me duele, la puta Hacienda se quedó con mi cartera o me dejó de lado la chica que quiero. Como el perro solitario, me lamo mis heridas y me voy a la vida a menear el rabo. ¿Qué puedo hacer yo, por el amor de Dios, por Ucrania, los problemas de Senegal, los millones de dolores de Dafur o la censura en Internet?... Mañana, si no es un terrorista armado con un Kalasnikov, puede ser un terrorista travestido de infarto el que ponga fin a mis días, ¿y no sería lo mismo?... Acaso, la diferencia estaría en qué es lo que habría vivido, si lo de otros, por los que no pude hacer nada, o lo mío. Y, francamente, como me tengo al lado, prefiero lo propio, el amor propio o el propio amor, que aunque es parecido no viene a ser lo mismo. Prefiero, en fin, conocerme que conocer a Rajoy o a Ronaldo. Cuestión de buen gusto, no te creas. De cualquier manera, prefiero saber de ti que no te conozco, a conocer a los que no me interesan. No me mueve Facebook ni la virtualidad de la Red, esa forma de gritar «existo» o «quiero que me quieran» desesperado que los «preocupados» lanzan por doquier desde la terraza vacía de su desolación. Quien no necesita, a fin de cuentas, no grita. Prefiero gritártelo a ti al oído, o que me lo grites tú. Mi preferencia, ya lo ves, implica piel y sentidos, manos, pechos que laten, labios que palpitan, calor amigo. Ni siquiera me importan los telediarios. No quiero que nadie me diga en qué debo pensar o de qué debo preocuparme. Nunca me sentí menos pecador que los pecan ni más inocente que las víctimas de cualquier suceso, y cuando me llegue el turno espero haber vivido, como poco, mi propia vida, o al menos la que me queda. No quiero vivir por otro ni lo de otro, y prefiero equivocarme por mí que acertar por cualquiera. Mi vida es solamente mía y de aquéllos a los que elijo para compartirla. Ni siquiera del gobierno, del rey o de la patria. Todo eso lo he vivido, lo he estudiado y hay millones que se sacrificaron voluntariamente o a la fuerza por ella en mil épocas distintas y de mil diversas maneras, y echa un vistazo de qué les ha servido a ellos o a ella. Los únicos que ganaron algo, a fin de cuentas, fueron los que los mataron, y, además, no me siento extranjero en ningún lugar, y allá donde me hacen hueco tengo mi cama, mi fuego y mi paz, en los brazos que me quieran mi cobijo y en el que me acepta como soy a mi amigo.

Dirás que paso de todo, y justamente habrás dado con el diagnóstico correcto. Si Nibiru ha de caer, que me sorprenda viviendo, y si la III Guerra Mundial se desata con el lanzamiento de mil misiles nucleares, espero caer el primero, y me gustaría que saboreando la ambrosía de un beso. No sé si soy determinista, pero estoy seguro de que para aquel que muere, aunque sea cayendo de una escalera, ya le llegó el Fin del Mundo y su hora, las dos al mismo tiempo. En soledad o entre miles de millones de cadáveres, la muerte es muerte a secas, no saques más cuentas. Lo que les suceda a los que sobreviven, a los muertos no les importa, porque ya se les acabó el cuento y están en otra cosa. La cosa que tengo ahora es esta, y quiero disfrutarla, saber qué soy, quién soy, cómo soy y para qué, por qué me gusta la cerveza y la carne y el vino con Casera, qué me dan los amigos para que los quiera, por qué los ojitos se van tras el culito de la griega del chalé de al lado y por qué se le van a ella tras del mío, qué tienen unos labios que me extasían o qué ciertas verdades que nos esconden, qué retienes en tus rincones, por qué es redonda la luna, por qué se ríen los conejos, cuándo se me pasará este mal traer con las mujeres que me empuja a las mujeres para desprenderme de ellas después de unos años a causa de los malos rollos que genera la confianza, por qué el universo es infinito y por qué los pájaros cantan, qué de hermoso tiene la primavera para que se llene de vida y por qué me pregunto por qué, si ni siquiera necesito saberlo. Siento lo que siento, y eso para mí es bastante. Al menos por ahora, o quizás ahora exactamente. Hago lo que hago sin esperar nada a cambio, y sé que de todo lo que he tenido solamente he querido a lo no tenía valor. Todo lo demás, no valía nada, ni el oro o la plata, ni las casas, ni los coches ni las cuentas en el banco…, todo eso eran miedos apilados, pánico a que te robaran, pavor a que sedujeran a tu mujer, miedo a las guerras, espanto a votar al que mejor sepa cuidar de mi hacienda, terror, terror, terror. Es más barato un suspiro, más hermosa la madrugada, más cálida la noche y más reconfortante el calor de un amigo que no espera nada de ti, que no quiere nada de ti, pero que te quiere a ti acaso como tú mismo lo quieres. No hay mayor paz que un ratito al sol en invierno o a la sombra en verano, siempre al revés para que la cosa funcione, porque el mundo mismo funciona justamente al revés. Nunca pago por el amor, que es decir por sexo, porque ya te digo que si tiene precio, no tiene valor. Si bebo, lo hago sin compromiso de control; si río, porque lo siento; si lloro, porque me emociono; si hablo, porque tengo algo que decir; y si callo, porque, teniéndolo, no quiero decirlo. Saldo cero, que es el mejor estado de la cuenta para saber por qué está cerca quien tienes cerca y por qué se fue lejos el que se aleja.

Mi casa, además de amparo de mi soledad cuando estoy solo, es un nido que se llena de amigos en determinadas ocasiones. Hay lo que hay, y el bar siempre está abierto lo mismo que la nevera: quien tiene sed, bebe; quien hambre, come; quien quiere desahogarse, vomita; y quien compartir su alegría, ríe sabiendo que le acompañará otra risa. Nunca pienso en mañana, porque no sé siquiera si sobreviviré a esta noche. Vivo, a fin de cuentas, con las maletas hechas, y espero que con el corazón atiborrado de las cosas que valen pero que no tienen valor. No hago recuento de besos, ni marco las cachas de mi revólver con las conquistas de la carne, ni cuento las botellas que agoto o marco en el calendario las fechas memorables. Cada día es un día que puede ser el último o el primero de un amor fatal o verdadero. Nunca las dos cosas a la vez, porque antes de nacer es mejor enterrar a los muertos. A ratos me gusta la melancolía y a ratos la soledad, y en esas horas en que se echa de menos el afecto de otro cuerpo, revestirlo de ternura y de juego y de tiempo. Estamos de paso en el mundo y no me queda talento para solucionar todos los problemas, de modo que es mejor estar con la maleta hecha y vivir cada acto como si fuera el primero o el último, un hola y un adiós, un ahora y un hasta luego.

Perdóname por mi insolidaridad, amigo, pero ya hay demasiados que se preocupan y la cosa no va nada bien. No quiero echar más leña al fuego, ni tampoco convertirme en gurú de otros pensamientos. De todo hay en la viña del Señor, y cada cual tiene sus manías. La mía, es vivir lo que me toca, querer a quien me quiere y hasta sentir pasión por mi perro. Los trajes de Armani no me llaman ni me mueven las modas, y ni siquiera trato de ser moderno o antiguo, sino amigo de mis amigos, amante de mis amantes y duda de mis dudas. Los miopes siempre preferimos las distancias cortas, como un buen libro, por ejemplo, o como una música íntima o una caricia. Los besos, a fin de cuentas, nunca se pueden enviar por correo sino como meras palabras, y un beso sin brazos ni abrazos es un beso huérfano. Lo siento, amigo, si te molesta, pero soy así: nunca quise cambiar el mundo ni convertirme en profeta de ninguna nueva sociedad. La verdad, es que no sé si está bien o no, pero tampoco me importa, porque si soy como soy, es porque así debo ser para que haya de todo. Nunca voto, nunca, y si en otro tiempo corrí ante la policía de la dictadura, fue para que otros tuvieran la posibilidad de elegir incluso lo equivocado o lo que no querían. Cada quien debe tener su día y su oportunidad, sus cinco minutos de fama, la ocasión de demostrar en una cama su verdadera pasión y la opción de escoger la manera en que vive su vida, si por él o por otros.

Y escribo. Doy en retales pedazos de mí a todos y a nadie a cambio de nada. Nada pido y a nada me comprometo, este es el secreto de la libertad y la independencia, al menos tal y como lo entiendo. Poco me importa lo que decrete el gobierno, la barbarie de los poderosos o las mentiras de los políticos, lo que cada cual compre y cada quien venda en ese mercado de ofertas y saldos en el que ha dado el mundo. No me asustan las sorpresas, y hasta me divierten, ni tengo pavor a mi libertad. Por eso te pido por favor que no te ofendas de que sea tan insolidario. Ya hay demasiados que se conducen como esperan los otros para ser aceptados en el grupo, con la certeza de que serán lo que no son, y, según lo veo, ni se hacen un favor ni su sociedad está mucho mejor, de modo que algo debe estar fallando en eso de ser un clon. Elijo algo tan original como ser yo. En los tiempos que corren, me parece la opción más excepcional. A fin de cuentas, vivir es vivir nada más.

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Videos de mis novelas







Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



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