En el camino El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

18 de agosto de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

En el camino



Por la senda de la Historia, renqueando entre rezos y blasfemias, cojitranco el Hombre va, sin saber adónde se encamina. Mil ayeres le lastran en la mochila —dioses sangrientos, indiferentes y comprensivos, espadas, alfanjes y carabinas, banderas, credos e ideales, absolutismos, dictaduras y democracias, sangre, dolor y sufrimientos—, ninguno de los cuales comprende y ya está llegando al final del camino. Se siente solo y abandonado por lo alto y despreciado como nada por lo bajo; el polvo que levantan los pesados pies cuando los arrastra, al posarse tras él ciegan sus huellas, dejando tan virginal el sendero como si nadie, nunca, lo hubiera transitado.

¿Qué o quién le infundió a la bestia la consciencia de sí misma que la anima?... ¿En qué hora oscura sucedió el portento, cómo, dónde o para qué el sentido de la razón y el prodigio de la lógica que la gobierna?... A diferencia de las otras criaturas, el saber que no se alimenta solamente del sustento ni se afana únicamente por la supervivencia, la empuja a creerse gobernada por criaturas inexpugnables de poderes infinitos, a caballo entre un motivo que preste un argumento a lo incomprensible y el exceso desbocado de su propia fantasía. Lo distinto, considera, ha de tener un móvil diferente, aspirar a lo excesivo o pertenecer al orden de lo sublime, como esas lentejuelas diamantinas que infinitas se iluminan cada noche cuando el faro solar se ocluye en las tinieblas. Además, ¿para qué todo ese cosmos inconmensurable sino para ser su sepultura y su destino, acaso retornando al lugar de donde procedía su chispa originaria, expulsada tal vez del Reino en un tiempo que ni imagina?... Regresar al origen para cerrar el círculo, se le antoja de mil modos diferentes como la única vía para entenderse, y sabe que a la luz de su intuición, a la sombra de su ignorancia o al desquicio de su locura nacieron dioses, credos e ideologías, soberbias, ansias y esperanzas, liturgias, religiones y santones que desde lo remoto empujaron a seres contra seres en una rebatiña de razones inmanejables que anegaron planicies, collados y horizontes de dolor, sangre y sufrimiento: unos sobre otros por gozo, alimento o gloria; otros sobre unos por destino, desatino o arbitrio divino; y todos sobre todos por fuerza, potencia o ansia, de modo que el orbe se llenó de capirotes, dogmas y hogueras que elevaron a lo alto las columnas de inciensos, incendios e infamias que redujeron la fértil carne del Hombre a estéril carbonilla, cenizas y tinieblas. Desconoce si procede del Paraíso, pero está seguro de que la razón, la lógica y la inteligencia le han empujado a lo más profundo del Infierno.

Pero ¿cómo comprender lo impenetrable, abarcar lo eterno o cercar entre cuatro dimensiones lo que supone que ni siquiera las tiene o que las posee en un número infinito?... Se escurre entre los intersticios de la razón el "qué" y resulta inaprensible para su lógica el "para qué", el "cómo" y el "cuándo", dejándole ambas abandonado en tierra de nadie, como a un demonio capaz solamente de generar tormentos. Los motivos que afirman sirven también para negar lo mismo, y con parecidas razones se puede argumentar una cosa y la contraria; de modo que la consciencia que lo diferencia de las bestias con las que pugna, le convierten en rehén de sí mismo y de sus semejantes. Nada es verdad y cualquier cosa es herejía, todo es bueno y malo al mismo tiempo, y, casi por casualidad, algunos comprendieron que la razón que les elevaba sobre las otras bestias construyó a la par el infernal laberinto que les aprisiona. Demasiado lejos se ha llegado ya e imposible es desandar el camino, de manera que se sabe condenado a consumirse en la hoguera que su inteligencia prendiera. Demasiadas deudas hay por saldar entre moros y cristianos, entre blancos y negros, entre creyentes y ateos, entre norte y sur y entre este y oeste como para poder hacer un saldo cero que instaure la paz carne adentro. Cuando la estupidez le empuja al Hombre a saltar desde lo alto del acantilado, el porvenir que le aguarda solamente puede concretarse en un crujir de huesos contra la rocas del fondo, y solo en ese instante puede comprender que en vano es ya cualquier arrepentimiento: la consciencia que le elevara del polvo, le advierte que al polvo le empuja, convirtiendo el latido en muerte y su andadura en nada.

Ahora que conoce su destino, se cuestiona si no hubiera sido preferible ser bestia a secas, nacer, vivir y morir desentendido de todo cuanto no fuera imprescindible solamente para latir otro día. ¿De qué aprovechó aspirar a lo imposible si nunca pudo demostrar siquiera si era real o fantasía, de qué la inteligencia que le mostró cómo destruirse y de qué saber que habitaba lo infinito cuando su razón le asesaba que aun siendo tan chiquito nunca cabría en él su esqueleto?... Camino atrás, la nada; fatiga y dolor, durante todo el camino; y una nada esperando en el horizonte para reintegrar a la nada su nada. Nada quedará después que desaparezca, ninguna memoria, sino solamente olvido o, acaso, algunos dioses amorosos, indiferentes o resentidos que con su dolor, sangre y sufrimiento se habrán alimentado, o quién sabe si nada más que roto un instante del infinito tedio que les produce el saberse tan eternos como aburridos. ¿En qué otra cosa, se pregunta, podrían ocupar la eternidad los dioses sino con muñecos que en algún momento arrinconarán por viejos, estúpidos o manidos?... Un instante apenas, o quizás ni eso, ocupa el latido que separa las dos nadas que le cercan; pero mira atrás y no comprende para qué entonces el odio, el dolor, el amor, la risa, la lucha, el afán o el sufrimiento… ¿Adónde ha ido si no sabe ni dónde está ni para qué camina, a no ser por un atavismo de bestia que ansía consumarse víctima de sus propios instintos, como un juguete mecánico absurdo, mínimo y patético que ni siquiera sabe gobernarse a sí mismo.

A la razón, la lógica y la inteligencia, las travistió de formas que las aderezaran e imprimieran viso, y las nombró como esencia, alma o espíritu, dividiendo con ello su naturaleza en dos naturalezas incomprensibles condenadas a compartir un solo sino: la una, la carne, ansiaba lo urgente, instintivo y perentorio de un predador que se sacia y sufre; la otra, el espíritu, tendía a lo inconsútilmente sobrenatural de los afectos, sentimientos o emociones que algo tenían de locuras, fantasías o desvaríos; y las dos luchan con encono tratando de conquistar un ámbito indivisible. Polarizado por sus dos nadas entre las dos nadas que lo encierran, se ha convertido con el paso de los siglos en su aliado y su enemigo, en adversario de los otros y de sí mismo, en colega de los demás y de su propia naturaleza doble que ignora de dónde procede y no sabe adónde se dirige. Y pugna defendiendo su razón mínima pero absolutista frente a las mínimas absolutistas razones de los otros, levantando el festival de chispas una feroz pirotecnia de dolor, sangre y muerte que suma en cicatrices el saldo negro de nuevas deudas. Tan solo comprende que la vida es un juego sucio sin verdades, certezas ni seguridades, que su ámbito es la duda, el temor y la incertidumbre, y aferrándose en lo que idea, cree o supone, flébilmente se tambalea de uno a otro lado del camino, como un borracho de su propia inteligencia que ignora que ella es un licor que entontece sus sentidos, haciéndole ver lo que no se palpa y que siente aquello que imagina. Pero el camino se termina justamente en ese horizonte, en esas cordilleras que se elevan al cielo como una plegaria a lo eterno, acaso como los muros inasaltables del laberinto en el que su propia razón le obligó a cumplir la condena, por la soberbia de creerse diferente. Solamente le queda seguir adelante, obstinadamente como un orate de su propia fantasía, hasta que un día desfallezca y sucumba víctima de sus propias particiones. Amarillearán sus huesos a la luna durante un tiempo, hasta que los roñen y consuman las otras bestias que asumieron que lo eran, y tal vez entonces comprenda desde la nada, que la razón que lo empujó a ser lo que no era, a sentir lo que no sentía o a creer lo increíble, todo el dolor, la sangre y el sufrimiento, fueron una invención desquiciada de su propia inteligencia. Continuarán titilando las estrellas, vacío y relleno eventualmente el universo por estúpidos seres que surgirán y se extinguirán como parpadeos, fuegos fatuos o entretenimientos, víctimas de sí mismos.

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Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05