Banderas El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

1 de octubre de 2017, por Ángel Ruiz Cediel

Banderas



En las tabernas —donde siempre comienzan las guerras— las voces se tornan graves y sobrevuela los ambientes una sombra lúgubre cuando en el fervor de la discrepancia política alguno enarbola una bandera. Primero, son nada más que puntos de vista festivos entre pareceres contrarios, a menudo sesudos y muy mesurados, que pronuncian los labios; pero cuando alguno de ellos empuña el nombre de cualquier patria y ondea los blasones y destellan sus colores, la elocuencia acalla a los sabios y se instala rugiente en los valientes hijos más combativos del mismo Eneas, quienes también flamean pendones con otros colores y otras elocuencias garabateadas con sangres ancestrales que son recuerdos trágicos de otros tiempos en olvidadas aceras. Entonces, cuando los discursos son sofocados por la ira siempre viva de los radicales, es imposible la marcha atrás, y el zaino toro liberado ya no puede ser devuelto a los corrales sin sangre en sus astas, y mira torcido y rebufa y escarba con su pezuña en el albero, llenándolo todo de un hedor a pánico desatado, a sueños incompletos, a imposibles idas sin regresos, a lutos venideros y a sangre fresca que se la presiente cuajar en los caminos. Donde una bandera haya su sitio, siempre el viento que la flamea impulsará las velas de la guerra.

Hoy, que los negocios son globales y la delincuencia no se puede dejar en manos de los delincuentes, nos gobiernan las bandas contrarias que se hermanan en las logias para apacentar a los rebaños de contribuyentes y conducirlos con mansedumbre de corderos a las majadas de sus intereses; hoy, en que los dirigentes que empuñan las voces arcaicas de las patrias son condenados por latrocinio en los pocos tribunales sin trampa que restan; hoy, que los mismos que conculcaron con artificios de leguleyos los derechos de los gobernados y vendieron el porvenir de los ciudadanos a los dioses de la miseria, se acogen a las constituciones que vulneraron convirtiendo en papel mojado los derechos conquistados durante siglos de luchas y sufrimientos; y hoy, en que los delincuentes claman por el cumplimiento de las leyes que ellos mismos aprobaron con mayorías que son exiguas minorías ante las poblaciones que gobiernan, una miríada de ingenuos se echa a las calles y flamea banderas y avienta mil gritos con sus pechos que llaman a Marte por todos sus verbos y todas sus conjugaciones, tal vez citando a ese toro del rencor a que vuelva a embestir los futuros de los mansos para que alfombre la tierra de esos cadáveres que nadie del futuro reclamará como suyos. Hay en la atmósfera una electricidad nefasta a criminal pasado que retorna como un espectro del horror que es invocado por el ondeo de los blasones. Las banderas ascendieron a los mástiles solamente a través de muchas sangres, y se erigen victoriosos e hipnóticos sobre montañas de calaveras que amarillean al sol festivo de los que jamás se sacrifican.

Pero los hombres de la calle no entienden, no comprenden, no razonan, no ven el pavor que se asoma por la esquina de ese mañana que se hace presente una vez más para dolor y sacrificio propio y de los propios. ¿Dónde está el derecho al trabajo, a la sanidad, a la educación, a la justicia o a la vivienda que esa misma constitución que invocan enardecidamente los caciques también consagra pero ignoran?... Se olvidaron de ellos, los ningunearon o los privatizaron para beneficio propio o de las multinacionales a las que sirven y para convertir al rebaño en más rebaño todavía, estupidizado por las basuras intelectuales de sus televisiones y sus medios y sus tendentes opinadores, y sostenido en el límite de la asfixia por la precariedad de los empleos y las exigencias de la supervivencia, cuando no convertidos en risibles alirones de clubes miserables. Los hombres de las calles, los ciudadanos comunes, no entienden, no comprenden, no razonan, no ven que al flamear las banderas de los pastores aceptan donar sus sangres y las de los suyos a los alacranes que los han convertido en escombros de sus propias naturalezas. La vida, es otra cosa que la que ven quienes llenan las calles de colores y de gritos combativos que anhelan el enfrentamiento de independencias o de uniones de las que siempre estarán excluidos. La vida es vivir, por ejemplo, y para estar vivo preciso se hace huir de la muerte, especialmente si es servida por los pastores o los mayorales de este rebaño del que se eleva tan tétrico balido colectivo. No entienden los hombres que su independencia sólo existe carne adentro y no en el clamor que elevan los propietarios de sus impulsos, que la unión que vocean no es otra cosa que convertir al rebaño en más rebaño todavía; pero no razonan y no aprenden de los pasados, de la Historia, de los ayeres que llenaron sus libros de familia de cruces y de mutilaciones que sólo supusieron dolor, desgarro y sufrimiento.

El mundo lleva rodando miríadas de años, miríadas de años llevan los países construyéndose a golpe de leyes y más leyes, ordenanzas, decretos e imposiciones, pero los hombres siguen encadenados en los márgenes siniestros de la miseria, la tristeza continúa atiborrando los corazones y las inmensas mayorías sirviendo como esclavos a una minoría egoísta y engañosa que sirve como libertades el herrén de sus tétricas cuadras y sus galpones en los que hacinan a los mismos que dicen que respetan. Miro el mundo y veo las mismas hambres que hace un siglo y dos y diez; miro a mi alrededor y contemplo las mismas insatisfacciones, los mismos dolores y los mismos idénticos ninguneos; reparo en la Historia y comprendo que siempre estuvieron muriendo los mismos por los mismos, que los hombres de las calles pusieron siempre los muertos para que los pastores y los mayorales sigan disfrutando a rienda suelta de sus delirios, que se reprodujeron para crear nuevas víctimas que sacrificar en el nombre de las patrias de aquéllos, las mismas que volverán a llenar las aceras de cadáveres y de enfermedades y miserias y de sueños quebrados los lechos.

¿Patrias, banderas?... ¿En qué benefició a quienes hoy viven que sus generaciones precedentes fueran sacrificadas por los sueños desquiciados, las mentiras o las patrias de otros, si continúan estancados en las mismas miserias y atados con idénticas cadenas y siendo acaso más corderos?... Jamás escapará de su destino la oveja, y seguirá en el nombre del amor inventado como excusa o propaganda o de la patria pariendo corderos para que, sacrificadas por el cuchillo de los pastores o los mayorales, los devoren entre risas aquéllos que los gobiernan. Si la unión o la independencia la representan quienes lo hacen, mejor es declararse apátrida y vecino de la Tierra, habitante del planeta y súbdito únicamente de Dios, ante quien sólo debería doblarse cualquier rodilla. Pero las ovejas no entienden de esto, no comprenden, no razonan, no ven que paren hijos para el degüello cuando flamean las banderas y cuando los mayorales invocan con voz grave y trascendente los nombres de las patrias y los empujan a la violencia, la muerte y la guerra. El toro ya está fuera, y no son los hombres de la calle, los ciudadanos, quienes abrieron la puerta de los chiqueros. Huele a sangre y a dolor, hiede a pólvora y a muerte en las cuatro esquinas de la patria, y sobre los hombres hipnotizados por los pastores ondean ufanos los vivísimos colores de las banderas.

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Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05