Ayeres y mañanas El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

20 de marzo de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

Ayeres y mañanas



Cuando me alejo lo bastante de mi propia vida como para verla como un mapa, me da la risa tonta al ver cómo funciona. Los ayeres y los mañanas son como los ascensores que suben y que bajan. Lo que ayer me hacía llorar, lo contaré mañana como algo divertido, porque la risa siempre contra alguien, aunque sea contra uno mismo; y lo que hoy me hace reír, me entristecerá mañana aunque me vea sin mí. La cosa, es que la cosa funciona como un espejo invertido. Nada es para siempre, nada, y lo que ahora es de un modo, en un instante es de otro y paso de que me ignoren a que me reverencien o de ser el actor principal a la cola del desempleo, si es que tuve suerte y coticé lo bastante. La vida es así, y la acepto como una sucesión de ayeres vividos y sorprendentes mañanas.

En la colección de retratos de mis ayeres, no hay balances ni saldos; y en las panorámicas de mis mañanas, no hay espacios en blanco. Los días que me corresponden los vivo a ras del suelo, percibiendo los aromas y los hedores, alimentándome de manjares y bazofias, sintiendo en la piel las caricias y los golpes, y hasta enamorándome u odiando hasta las cachas, según lo que toca. Pero de vez en cuando, casi por sistema, me alejo un poco para contemplar el itinerario recorrido y saber de qué va la cosa o cómo me está yendo. Es como un mapa del tesoro, con sus islas y sus hitos, y también con las cruces que marcan los entierros, ya sean de los que quedaron el camino o de los cofres de las joyas que fui escondiendo. Dicho de otra forma más sencilla: vivo a carne abierta, como una llaga. Los hay que miran con el corazón y quienes piensan con el culo, los que aman con el sexo y quienes paladean con el cerebro, y también los que se rigen por la moda y quienes se gobiernan por la conciencia. Creo yo que todos hacemos un poco de eso, cada cosa en su momento, aunque casi siempre en el equivocado. Debe ser porque el formol de la memoria conserva mejor el humor de los dolores que la electricidad de las caricias, o porque se resiste el olvido a olvidar lo que no contiene materia, las emociones y quereres, las ansias y los sueños, y todos esos proyectos inocentes o esplendorosos que fechamos para un mañana que a menudo entierra muchos presentes sucesivos.

De todos modos, siempre sorprende que quien ayer te pateó por indeseable, hoy te venga con reverencias…, o viceversa. Los miserables tienen siempre almas reversibles, según el interés que impone el clima del momento. De todos modos, abruma el porqué de que empuñen agravios los mismos labios que ayer te besaron, o de que te desprecien impiadosos los corazones que te quisieron. De todos modos, duele que hoy te abran las puertas y te cedan el paso los mismos que te las cerraron, o que se acerquen querindongas con mil arrumacos las mismas que te hirieron. Y es que la vida da muchas vueltas, y lo que ayer estaba arriba, mañana queda abajo…, y viceversa. Debe ser verdad la cosa esa de que no hay más sentarse en la vereda para ver pasar el cadáver de tu adversario, pero no sé si a veces el enemigo de mi enemigo soy yo y el cadáver que pasará será el mío. El mismo que ayer me dijo «no puedo», «no debo», «no quiero» o «no tengo» cuando le pedí, me pedirá mañana un préstamo…, o viceversa. «Quien a hierro mata a hierro muere», ya se conoce el aserto que pronunció Jesús cuando le apresaron en el Huerto para iniciar la Pasión con que nos redimió de nuestros desatinos. Y si ayer fue abandonado por todos, incluso por sus propios discípulos, todos corrieron a adorarlo cuando las cosas cambiaron, venció a la muerte y ascendió a lo más alto. El clima del interés muda el sentir de casi todas las conciencias y de casi todos los quereres, por eso me cuido mucho de los mañanas, pero sobre todo de los ayeres. Viajar con la mochila liviana asegura hacer muchos kilómetros más de camino que cuando es excesiva la carga.

Noche y día, verano e invierno o vida y muerte, son metáforas, ejemplos, símiles de cuanto nos sucede a todos los elementos y personajes que interpretamos esta farsa. Como con las monedas, no existe cara sin su cruz ni anverso sin reverso. Nada es para siempre, y nadie se libra de subir y bajar, nacer y morir, querer y odiar y sentir fuego y frío. El fuego y el frío es lo más importante para el metal del alma, porque en esa fragua se transforma en rejón o espada, y no hay escape a esta ley. Nadie es rey de su propio destino ni sabe cuándo cambiará su sino o lo sorprenderá la muerte; pudiera ser que el suicida apriete el gatillo o dé el salto al vacío justo el instante antes de que su suerte varié y cobre sentido su sufrimiento. Hay que esperar el momento porque todo llega, la verdad y la mentira, la mueca de dolor y la sonrisa, el desamor y el amor…, y viceversa. Nada hay que reciba luz y no dé sombra, ni sombra que no se proyecte a causa de alguna luz. Circular, todo se extiende por un calendario de ayeres y mañanas que terminan y que empiezan. La paciencia es la ciencia que aplico, porque todo acaba por suceder y nada acelera la angustia. Lo mismo que se da es lo que regresa, aunque multiplicado, y si me convertí en juez, seré encausado por el mismo que juzgué. Se mata y se muere por el mismo hierro. Por eso prefiero el beso, el susurro, la sonrisa, al amigo, viajar ligero de cargas, como resentimientos o deudas. Si puedo hacer, hago, y si no, continúo mi camino; acepto por igual lo que la vida me trae, y siempre sonrío por ello, porque hoy sé que me río de aquello por lo que lloré y que lloro por muchas cosas de las que me he reído. Vine de donde fui, y adonde he ido, regreso, aunque con los papeles cambiados. No existe, hasta donde sé, viajes solamente de ida; siempre se termina por regresar a las escenas de los crímenes. Es solamente cuestión de tiempo. A las vacas gordas siempre las siguen un rebaño igual de flacas, y a las cosechas, los yermos. Y esto me sucede con todo y en todo, en el amor como con el dinero, en la felicidad como con la desdicha, en la paz como con la guerra. No siempre reír es síntoma de gozo, ni llorar lo es de sufrimiento.

Margaritas deshojadas, pocas; rezarle a la suerte, nunca; y jugar a las probabilidades, jamás. Cuando se convierten en ayeres las buenas horas y la abundancia, vives los mañanas de las carencias y soledad como la mayor de las tragedias. Los amigos se alejaron, los lujos y distinciones, y te encuentras un día por los rincones lamiéndote tus heridas. Y te lamentas, claro, y dices «¡qué perra la vida que me mostró sus ambrosías para arrojarme a la miseria!» Pero un día, acaso por aburrimiento, reflexionas sobre ello y te alejas de ayeres y mañanas, y los confrontas para que tengan un vis à vis sobre inconvenientes y ventajas. Y, ¡oh, sorpresa!, la cosa no es como era, sino que lo miras en tu mapa y comprendes una lección que de otro modo jamás aprenderías: una lección de vida en toda regla. Y, desde ese momento, sabes aprovechar tus días y el valor de la paciencia: todo ayer se termina para que empiece un mañana que también concluirá, convirtiéndose en ayer. El círculo se cierra para comenzar otra vez un círculo nuevo y distinto, según y cómo se vivió el anterior. Esto es todo lo que aprendido, y no sé si es mucho o poco, pero me doy con un canto en los dientes por la perspicacia que he tenido, si es que es eso y no un desvarío de quien quiso comprender lo que no entendía; pero me ha servido.

Hoy vivo sin impaciencia y procuro ponerle al mal tiempo buena cara. Los ayeres no me sirven sino como punto de referencia para saber que lo de mañana tendrá algunas diferencias. Sin débitos ni faltas, bien liviana va la mochila, anclada en un presente de aliento y de muerte que cada día se reedita. Y comienza la bola de nuevo a rodar en el bombo, redondo como la vida, siempre de ida y vuelta. A quien quise, le reservo su espacio justamente en lo que vale, ni quiero volver ni deseo que regrese, pero tampoco lo olvido. Ese número ya lo jugué, y raro sería que saliese nuevamente habiendo tantos. A quien se quedó conmigo, le llamo amigo para bien y para mal. Si permaneció fiel cuando los demás se disolvieron, merece un puesto de privilegio en el corazón. Y si el compañero fue ocasión, de esos que caminan a tu lado un trecho nada más, mejor que adiós prefiero decirle hasta luego. La vida, seguro, le traerá de vuelta, porque siempre se termina por regresar al punto de partida, un poco como el homicida vuelve a la escena del crimen. Es cuestión de tiempo que resuelve la paciencia, y de nada sirve apurarla porque tiene su tiempo y su porqué.

Lo malo que se fue como bueno vuelve…, y viceversa. De todos modos, sorprende que cuando te recuperas y se llenan de nuevo los bolsillos de haberes o famas, las ratas también regresan a la nave restañada. Es el momento de la venganza, pero si te vengas generas una deuda que tendrás que abonar taz a taz con una revancha. De manera que paso en la fortuna y la desgracia de los malos rollos y dejo que cada quien se teja su propio paño. Sin cargas excesivas se llega más lejos, y hacer camino es lo que importa. No siempre, ya digo, reír es síntoma de gozo ni llorar lo es de sufrimiento. A veces, es cosa del momento y se llora de felicidad, o por dolor se pone la risa del conejo. Lo que sé es que ya llegué a ser lo que soy, y que en todo caso mis actos mismos esculpen mi currículo, independientemente de lo que quienes tengo al lado quieran leer o saber. Quien tiene que demostrar su hombría, muy hombre no lo es o no queda lo bastante en evidencia como para que por sí mismo se vea. Por mi parte, como soy miope prefiero las distancias cortas, la piel, el contacto, el olor, el gusto, la sensación de percibir el aura o la energía de quien camina conmigo. Y como no soy inversor ni juego a la bolsa, prefiero el contado riguroso del presente, no invierto en mañanas ni cobro intereses por los ayeres. Que la vida me sorprenda con la bola que quiera que sea que salga del bombo. Si es mala, la pondremos buena cara; y si es buena, procuraré repartirla entre aquellos que pueda hacerles más falta. No son las ratas las que regresan a las naves que hacen aguas.

Y así voy por la vida, aunque muchas veces equivocado. Las riquezas o los placeres no me fascinan, ni me quitan el sueño las modas o los chaletes, o me preocupan los conflictos que genera la supervivencia. Soy un tipo de gustos sencillos con poco o ningún sentido de la propiedad, aunque eso sea un inconveniente. Si es para parecerme a los pudientes, prefiero mi colección de sueños, mi literatura y mi circunstancia. En ocasiones con eso no alcanza para pasarla ni bien ni mal, pero me sobra para esperar que cambie el viento y el mañana me sorprenda. Entretanto, vivo mis días ignorando cuál de mis ciclos será el último en que habré de rendir mi aliento. Cuando llegue ese momento y deba enfrentar el Juicio, sin perjuicio de mis aciertos reconoceré mis faltas y lo que de ellas aprendí, según el talento que se me concedió. «Me equivoqué tanto, Señor, que por fuerza algo debí comprender, siquiera sea que erré y cuál no era el camino.» No será una excusa, sino reconocer, que como todos en su destino, también yo me perdí innumerables veces en el enredado laberinto de mis ayeres y mis mañanas.

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Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05