Auxilio El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

24 de abril de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

Crónicas de ayer para mañana XIII
Auxilio



Ya está aquí la hora veinticinco. El reloj completa su recorrido. Ahora hay que estar atento, muy atento, porque en cualquier momento puede comenzar el peregrinaje. No tardarán ya en iniciar su excursión al futuro los dioses de la nueva era.
No sé si Toni habrá comprendido, si habrá sido capaz de hallar las respuestas. No quisiera decírselo de otro modo, aunque tampoco importa. La piedad del carnicero, en esta hora, es la piedad más auténtica. Lo que resta no es bueno, no es fácil; la muerte rápida es una liberación de la mayor tragedia.


Ojalá que lo haga. Tal vez me estoy haciendo blando, y hasta pudiera ser que me obligue a llevarle de la mano para que pueda dar sus últimos pasos. A lo mejor se lo debo o me lo debo, y quién sabe incluso si pudiera ser necesario. No tiene demasiados recursos ni oportunidades ante las fieras que le acechan, y no puedo permitirme el lujo de no entregarle esta pluma que a los dos nos hará libres, o a mí me liberará de una condena.

Elegir, ya se ve, es algo de lo que no podemos librarnos. Incluso en esta hora fuera de esfera tengo que elegir entre quebrantar mi plan y permitir que sobreviva por sus propios medios, aunque por su incompetencia muera. Pero, si muriera, ¿de qué serviría mi plan, de qué haber hecho lo que he hecho si no puedo devolver esta pluma que un día trajo la brisa hasta nuestras piernas?... Tal vez, sí, no me quede más remedio que asegurar su tarea, porque pudiera ser que le haya impuesto una carga más pesada que la que puede soportar su esqueleto. No puedo correr riesgos.

¡Cuánto pesa una pluma! ¡Cuánto tiempo para decir dos míseras palabras! Pero así es la cosa y ha de devolverse a cada quien lo que le corresponde. Ni es mi pluma ni son mis palabras, sino que es su libertad de elegir y es su afecto. Debo, pues, vigilar, cuidar de que llegue a donde debe y que recobre lo que es suyo por derecho.

«De frente, siempre de frente», me decía entonces, cuando aquello del orfelinato. De frente, pues, ha de ser. Siempre cumplió y fue de frente, no comprendió nunca que a veces al enemigo hay que bordearlo. Pero, en fin, así fue y así es, veremos si ahora sigue siéndolo. Lo conozco casi todo sobre él, pero acaso haya algo que ignoro. Sé de sus cuentas, de sus gustos, de sus hábitos; pero quizás haya algo más allá dentro, allá lejos o allá en la nada que le haya cambiado, que no sea como supongo.

Al fin y al cabo, él me enseñó a soñar mientras se iba de frente. Para él, entonces, cuando éramos lo que no somos, todo era cuestión de elegir, de fijarse una meta y hacer una realidad más cómoda y justa, siquiera fuera en el entorno que le circundaba. Solía decirme, cuando me tomó bajo su protección o en su amistad, que el mundo empezaba justo al lado y que, si se agitaba el aire para conseguir un sueño, la ola se iría haciendo grande en el estanque del mundo hasta que el sueño mismo se materializara.

Sí; él me enseñó a volar desde la tierra, a mirar a lo alto. Fue entonces cuando lo de la pluma, cuando el viento trajo ese testimonio celeste o aéreo que corroboraba lo acertado de sus afirmaciones. Me enseñó a soñar de misma manera que la vida me forzó a olvidarlo, ¿o lo hice yo?...

Lo de ser policía ya le venía de antes, de mucho antes. Solía decirme que si se limpiara la sociedad de tipos malos, ni habría tanta maldad ni casos como los nuestros. Pero los hubo y los habrá mientras el hombre camine sobre el suelo. ¿Habrá comprendido lo inútil de sus sueños?... No lo sé; nadie sabe sino él si habrá servido de algo capturar uno, dos o mil ladrones; uno, dos o mil criminales; uno, dos o mil bárbaros. Tal vez no lo entienda nunca —los soñadores jamás suelen apartarse mucho de sus sueños—, o tal vez ya haya comprendido que no es el individuo, sino la naturaleza del individuo y las condiciones en las que crece las que construyen y desarrollan al ladrón, al criminal o al bárbaro. De bien poco vale poner baldes bajo las goteras mientras no se repare el tejado. No es a la persona, sino lo que la persona vive lo que debiera ser perseguido, juzgado y condenado. No es al criminal al que hay que condenar, no; sino lo que le hizo al criminal.

Cada cual entiende lo que le toca cuando le llega la hora, y a él ya le está llegando. Lo más peligroso de lo que ha perseguido, lo que verdaderamente engendró todo ese mal que él quiso meter entre rejas, es precisamente este instinto que empuja a sobrevivir incluso a esta hora de todos. Hay probabilidades de que los dioses, por tener más recursos que los hombres comunes y corrientes, consigan perpetuarse. Si lo consiguieran, si pereciera el orden, la sociedad, el mundo que ahora se sostiene en estas sus últimas horas, y ellos sobrevivieran, dentro de uno o de diez años volverían a la superficie para comenzar una nueva etapa, pero no sería sino un capítulo repetido, una nueva versión de más de lo mismo.

Nunca me molestó que Toni soñara, sino que me empujara a hacerlo. Me enseñó a creer en imposibles, a esperar lo que no debería esperarse nunca porque evita que se pise el suelo y tropecemos. Eso no estuvo bien, nada bien. Por comparación con lo ideal, no importa cómo sea uno de bueno, siempre pierde, y ser perdedor es una condena. Es mejor mirar al suelo, como las bestias, pensar en el herraje, en lo que nutre y sostiene. Soñar enferma. Pero él soñó y me hizo soñar no por la fuerza, sino por su entusiasmo. Aquella pluma se convirtió en un símbolo.

«¿Ves?», me dijo, «el mismo Dios nos envía una señal.» ¡Una señal! Quien se quiere engañar no precisa a Dios, le basta con una pluma y la convierte en verbo, en afirmación divina. Nos gustaron las armas: a él, como opción para vencer a los malos; a mí, para protegerme de esos mismos o para ser quien evitara que sobre mi cuello cayera la cuchilla. Nos gustó la patria: a él, como punto de apoyo de un sueño por donde comenzar a limpiar las malas hierbas; a mí, como madre sustituta de ese hermano que creía que podrían crecer flores en el infierno y me intoxicaba con su poesía. Y nos gustó la vida: a él, porque conoció el amor de hombre en una muchacha lozana y bella; y a mí, porque a partir de aquel momento tuve una razón para vivirla: combatirla.

Él, ya lo he dicho, se hizo socio de la vida y yo de la muerte, tal y como decían algunas canciones de aquellos años milicianos. Yo era ya el novio de la muerte… de los otros; pero al final, los dos arribaremos al mismo lugar en la misma hora, y hasta es posible que lo habitemos juntos, que juntos crucemos el umbral de lo eterno y que me diga él a mí o yo a él si hay Dios o no lo hay, si hay justicia o no la hay, o si ha tenido o no autor este despropósito que concluye con esta fanfarria de mundos que se estremecen y de astros que colisionan. A esta hora, estoy seguro, ya conoce la verdad que se cierne sobre nuestro futuro sin porvenir, sobre nuestro presente sin futuro y sobre nuestro futuro sin ayer. Ya sabrá por qué he esperado a que Nibiru estuviera sobre el Ojo de Dios y por qué ahora, y no en otro momento, quise que conociera este secreto que pronto será público. Nibiru: la lágrima de Dios. Al menos, espero que en este estúpido verso de esta absurda poesía de la vida, sepa encontrar mi amigo el jicarazo de una broma pesada como la misma suerte que nos ha tocado vivir. Dios, cerrará su cuento con una lágrima atroz, negra, cadavérica.

La diferencia entre los cuentos literarios y los reales, es que los que implican carne y hueso siempre terminan mal. Las letras tienen la piedad que de la que carecen la vida y la muerte, tal vez porque también son sueños. Los dioses que nos rigieron y gobernaron no tienen nada que ver con ese Dios de bondad que dibujan los credos, no entienden de misericordia ni saben lo que es clemencia, a no ser que les concierna.

Si Toni ha sido capaz de saber lo que se viene encima, quizás ya haya comprendido todo esto, especialmente ahora que se sabe solo sobre el mundo, que la vida le ha quitado a las mujeres que le sostenían. Sin duda ya se sabe solo, tal vez perdido y sin objeto, y esté preparado para recibir mi regalo. Acaso ahora que nada puede perder sino el dolor, me comprenda y sea libre. También yo me liberé el mismo día que supe que el pánico me abrazaba, que el fin era cierto e inflexible y que tenía una cita con el destino, con él, conmigo y con el Dios que existe o no existe.

¿Desmayará su ánimo el golpe recibido?... Tal vez se desmorone, tal vez se quiera quitar la vida. No tiene arma, porque la suya la dejé junto al cadáver de ese juez corrupto que juzgaba con mano de hierro a inocentes para ascender en su carrera. La dejé allí para cerrarle la puerta del pasado, para impedirle el regreso a una vida que ya no podía sostener el tictac de su tiempo; pero hay muchas maneras de presentar la renuncia y decirle a Dios: «Para esto no me vale: te la devuelvo.» Nada de lo que he hecho, si Toni tomara ese camino, tendría objeto, ni serviría de nada la apoteosis que he preparado como un dios menudo y metódico de la muerte. Desconstruir siempre se me dio bien, pero únicamente seré un dios menudo incluso de eso, si tengo un testigo que presencie mi obra magna, si alguien da fe de que devuelvo un vuelo y pronuncio dos palabras.

No me fío. Tal vez su fortaleza se derrumbe y sea capaz de una tontería. Cuando la vida falla, cuando el dolor llega —lo sé muy bien— siempre es preciso apoyarse en algo que nos sostenga, que algo o alguien soporte nuestra verticalidad, tal vez, ya que no su exmujer o su hija, una amante que no tiene o yo mismo, un amigo, su amigo, el amigo mejor y más fiel que ha tenido, porque ha sido el único que no le ha olvidado, el único que le ha rezado durante toda su vida y el único que debe estar presente cuando su aliento se extinga.

Uno traza un plan perfecto, pero siempre tiene alguna tara que se ocupa de corregir el destino. No hay más remedio que apoyarle, que socorrerle en esta hora trágica. Sé que debe saber ya lo de la broma del Ojo de Dios, y debo asegurarme de que sepa también lo demás para que pueda elegir lo que quiere. La última parte de lo que le pedí no es fácil de encontrar aunque esté en todas partes. Tal vez le falten habilidades para eso. No conviene olvidar que siempre ha sido un policía que persiguiendo a los malos echó de su lado a los buenos, y los policías —ya se ve— no son listos. Creyendo que limpian el mundo, espulgan de adversarios el camino de los perversos. Así de raro es este mundo que muere, y así de raro será el que nazca si sobrevive alguno de ellos, o si, al menos, no sobrevive también algún policía bueno que los persiga, aunque no suceda otra cosa que repetirse la historia.

Hoy, tal vez mañana, pasado como mucho, Nibiru será visible por todos. Alguien, en algún lado, difundirá la noticia, será creído y todos los hombres vivos mirarán a la vez, por primera vez en la Historia, al cielo. El fin que todos anhelaran, estará sobrevolando sus cabezas al mismo tiempo que la desesperación hará presa en cada alma y en cada corazón dejará una indeleble huella. La hora se acaba, y los días que están por venir serán memorables, tanto que nadie debería perdérselos, porque será la hora del balance colectivo y cada cual se mostrará como lo que es, quizás por única vez en su vida.

Dioses, profecías y leyendas tienen una cita muy próxima. Desde lo más antiguo se han venido pregonando desde las cuatro esquinas de la Tierra, y los caminos han ido confluyendo a este siete como esa estrella que los elegidos llevan ya sobre su pecho: Apolyon. Está tan próxima su irrupción que ya el abismo se estremece.

El dios, mi dios, los dioses, eligieron a su rebaño y lo han ido marcando con su sello, adiestrándolo pacientemente para alimentarse de ellos si la necesidad llegaba. Ningún dios es dios sin un rebaño que lo adore. Los ciento cuarenta y cuatro mil marcados, deben también dormir el sueño eterno. El Dios de los dioses, el Verdadero, si es que existe, ha de poder comenzar de nuevo.

Esta serie de 14 textos está entresacada de mi novela Apolyon. Algo más que una historia que no debes ignorar. Aprovecha la oportunidad y adquiérela junto con La estirpe de Abaddona a un precio muy especial. Dos novelas imprescindibles antes de que el tiempo se agote.

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Videos de mis novelas







Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



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