Grandes anhelos, grandes fiascos El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

24 de abril de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

Crónicas de ayer para mañana IX
Grandes anhelos, grandes fiascos



No sentimos, ni mucho menos, la voz de la patria. Fue nada más que una salida de emergencia del orfelinato como hubiera podido serla cualquiera otra; pero pronto aprendimos a amarla. Lo enorme enseguida llena lo que está vacío. Mi amigo y yo elegimos, y nos satisficimos de ello. Lo menudo, una mujer o una familia, nos habían traicionado, y nos decidimos a amar lo gigantesco. Lástima que no nos alcanzaran los brazos para rodearla ni tuviéramos labios lo bastante grandes como para regalarle todos los besos que aún no habíamos dado.

Lo heroico del pasado, la gloria de milenios y la grandeza de ser el sostén de algo tan colosal nos hizo sentir libres, señores de nosotros mismos. Por primera vez; tal vez, por única vez. Ya no éramos don nadies, sino soldados, forjadores de la Historia. Nos subyugó la vida, y el uniforme nos usurpó el alma porque los uniformes no muestran, sino que esconden; pero nos sentíamos bien dentro de aquel cuerpo en que no éramos sino acaso dos diminutas células. Queríamos más, amábamos aquella disciplina espartana a la que ya estábamos hechos desde la infancia. Quizás por eso entramos en las COEs. Los guerrilleros, como entonces se les llamaba a los Cuerpos de Operaciones Especiales, tenían la bohemia y la abnegación que mejor cuadraba con nuestras aspiraciones: sobrevivir a toda costa, golpear sin aviso y desvanecernos como el humo. Sabíamos ser humo mejor que nadie. Siempre habíamos sido humo.

Pero allí éramos más que eso: éramos algo tangible. Nos distinguían nuestros oficiales por nuestra capacidad vocacional y nuestra resistencia. Ellos, claro, no eran huérfanos, no habían crecido como nosotros sin conocer el afecto, no sabían lo que era ser golpeados por la noche y por el día, lo que representaba ser continuamente ignorados como personas, sino considerados nada más que un trabajo de insulsos funcionarios, ni habían tenido una vida carcelaria.

Para quienes vivieron lo que nosotros ya teníamos sobre el alma, la prisión del uniforme era libertad y la posesión de un arma, poder. Poder a manos llenas. Fueron, tal vez, los días más dichosos que recuerdo, los más plenos. Nadie puede saber cuánto se disfruta cuando se salta en paracaídas si nunca ha estado encerrado entre cuatro paredes y ningún sueño. Volar como los pájaros, siquiera fuera por unos segundos o unos minutos, era ser aquella pluma que siempre llevaba conmigo en la cartera, junto al pecho. Ahora que lo pienso, no sé si amábamos a la patria o si ella fue solamente nuestra excusa para la salida del orfanato. Amábamos algo, eso es seguro, o lo veíamos como el modo de ser lo que nunca habíamos sido. Algo de eso debió ser, porque si la patria entonces nos hubiera pedido la vida, se la habríamos dado sin dudar ni un instante. Así es la libertad para el pájaro, cuando el pájaro estuvo siempre enjaulado.

Teníamos compañeros como hermanos, cada uno arrastrando una historia parecida a la nuestra, con mucho de dolor y poco de gozo. Reíamos, bebíamos, tomábamos prestados por unos minutos amores pagados... La vida es un libro con muchas páginas; pero aquellas fueron las mejores. La caligrafía con la que escribíamos era preciosista, alineada, de trazo firme. Un día como tantos apareció en nuestras vidas aquella muchacha, y mi amigo se enamoró de ella. No sé qué embrujos ejerció sobre él la carne o qué tipo de hechizos los besos. Había tenido a otras, había comprado otros besos, y no comprendí qué los diferenciaban de esos. Sin embargo mi amigo se comenzó a alejar de mí, empezó a buscar una soledad acompañada por aquella muchacha hermosa y a tejer un futuro en el que yo no cabía. Secretamente, fue urdiendo la manera de darme la espalda, de vararme en el malecón del olvido mientras él anidaba en las ramas más altas de un porvenir risueño. Mi amigo planeaba ya abandonarme.

Un día como otro cualquiera me dijo: «He elegido.» Su elección me marginaba, me dejaba al otro lado de la orilla de su vida. Le respondí: «¿Por cuántos has elegido?» No me respondió. Nunca me respondió a esa pregunta, a pesar de que le repetí una vez y otra: «¿Por cuántos podrías elegir?»

Hoy lo sé, pero entonces lo ignoraba: la decisión de uno siempre afecta a muchos. Se le condena a un culpable, pero también el juez sentencia a los inocentes que aman al reo; ¿qué culpa tienen ellos de los delitos de otro? Siempre una elección niega otras elecciones. Elegir es algo complicado, difícil, siniestro. Le insistí: «¿Por cuántos elegirías?... ¿Acaso serías capaz de elegir por otros?»

Solamente me respondió cuando dejé de verle, cuando algunos meses después, decidió también por mí y abandonó el Ejército para ingresar en la Academia de la Policía. Me dijo: «Yo siempre elijo por mí, solo por mí.» Se refería a su vida y lo sé, pero su elección, aunque fuera sobre su vida, afectaba a otras vidas. A la mía, por ejemplo. ¿Qué culpa tenía yo de que se hubiera enamorado, de que lo vaporoso del amor tocara la puerta de su corazón?... ¿Acaso no me echó de su corazón para que otro amor cupiera?...

Ella no me hizo nada y no le tuve ningún resentimiento. Ella era nada más que un accidente de la vida, un invierno o un verano: nada importante. El que había elegido era mi amigo, él fue el que me desalojó por la fuerza del amor ajeno, el que eligió su inocente y declaró su culpable, y a él, por ello, no pude perdonarle. O eso, o es que no pude perdonarme a mí, porque por resentimiento me fui a la vida a elegir, y elegí la liberación de la muerte de otros. Siempre son otros los que abonan nuestras deudas.

Mi fetiche, mi pluma, se trasformó no en un sueño de libertad, sino en un recuerdo de odio. Era blanca, quizás algo sucia y acartonada, pero a mis ojos era negra como las que deberían tener los murciélagos, si es que los murciélagos tuvieran plumas. Si fue de ángel blanco, se tornó de ángel negro; si aspiró a lo más alto, se hundió en lo más profundo; y si eligió la vida, elegí la muerte.

Desde entonces, por aquella pequeña cosa, por causa de aquella elección pequeña, muchos, muchísimos murieron: ¿quién les mató, verdaderamente?... No sé si caí por aquella pendiente que conducía al abismo o si me empujó al abismo aquel que eligió por mí. El riesgo de asomarse a lo profundo es que lo profundo pueda conocer tu nombre, y el mío lo conocía. Tal vez fue cosa del destino.

Creo que ya he dicho que son las pequeñas cosas donde se contienen los grandes peligros, donde se incuban y forman los grandes sucesos. Las estrellas se forman de polvo, de polvo se forman los planetas y de un simple cigoto brota la vida humana con sus grandezas y sus miserias. Lo pequeño es lo importante. Lo grande no es sino la suma o la multiplicación de algo muy pequeño. ¿Cuántas vidas han pagado la desilusión de una vida?... Ahora que se avecina el fin y la conclusión de la vida, no sé calcularlo. No tengo la menor idea de qué ciencia puede saber de números tan grandes. Lo mínimo ha ido sumando o multiplicando y haciéndose enorme, y no sé cómo deshacer lo hecho. No; no me arrepiento, porque el arrepentimiento no sirve. Fui la mano del destino. Si hay Dios, Él consintió que me empujaran a ese camino de ida solamente a la muerte; si no lo hay, ¿qué más da?...

Elegir debiera estar prohibido sin saberse antes las consecuencias. La libertad es una responsabilidad demasiado inabarcable para un humano, demasiado profunda para una carne. Sin embargo, todos debemos elegir muchas veces por día sobre nosotros mismos, que es elegir sobre la vida de los otros. Lo inmenso que suceda se ocultará en lo exiguo: un simple cuark será la causa del fin del universo.

Esta serie de 14 textos está entresacada de mi novela Apolyon. Algo más que una historia que no debes ignorar. Aprovecha la oportunidad y adquiérela junto con La estirpe de Abaddona a un precio muy especial. Dos novelas imprescindibles antes de que el tiempo se agote.

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Videos de mis novelas







Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



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