Ahora El blog de Ángel Ruiz Cediel A mi aire

7 de diciembre de 2015, por Ángel Ruiz Cediel

Ahora



Desde el fondo de este instante preciso se yerguen mil ayeres desvanecidos y mil futuros pretendidos se asoman cautelosos al insondable porvenir tendiendo sus redes promisorias; pero este instante no es ayer ni es mañana, sino nada más que un fugaz ahora de acentos indecisos y verbos probables que están por resumir y conjugarse. Aceptar el bagaje de lo pretérito se ha convertido en el desafío necesario; perdonarse los errores, la solidez que proporciona el equilibrio para empulsarse al siguiente paso.

En estos momentos en que una turba de aullidos amenazantes asaltan los horizontes y que los necios han sido convocados a las urnas para prestar coartada a los perversos y auparlos a la sangre, el crimen, la guerra y el latrocinio, hay cierto hedor a pólvora y a catástrofe que anega el alma y un regusto a crimen que acecha sádico desde las sombras. Las bayonetas ya están caladas en los fusiles, los cielos son surcados por los ángeles de la muerte y retroceden espantados los derechos acosados por solitarios lobos incomprensibles, escondiendo con cautela bajo los sangrientos titulares que jugamos en el equipo equivocado. Hay un insoportable tufo de cadáveres en ciernes que como un viento lúgubre recorre las aceras y por todas partes se percibe de antemano el clamor de corazones estremecidos por venideras ausencias irremediables, mientras los noticieros difunden sus tóxicos de mentiras y tergiversaciones y desde todos los aparatos el sordo estridor de una alarma inaudible se extiende sigilosa entre las almas que presienten lo inevitable. Las rosas se han acorazado con puñales y las mariposas cargan bajo sus alas letales mesnadas de mortíferos misiles. La tiza ya se quiebra en las pizarras, los garabatos infantiles ahora trastabillan y se intuye un borrón de premura que tizna los renglones de la pubertad empujándola a lo descabellado. El futuro no cuaja como debiera bajo este cielo de pánicos contenidos; pero no hay huida posible del espanto por la estrecha ranura de las urnas, ni conjurará el genocidio que apresuradamente nos acecha entregándose el poder a los sicarios.

Cuando el olvido se desmemoria de lo que enseña o la ignorancia se reviste de osadía, se aceptan jubilosos los podridos herrenes que los pastores reparten al rebaño. Entonces, se asumen como propios los partidos creados por lo siniestro para contener la rebeldía y las arengas de los mayorales que nos conducirán al matadero resuenan triunfantes, porque no se podrá identificar al enemigo que viste su disfraz de hombres con conciencia. Cuando se ignoran los ayeres los mañanas no pueden ser halagüeños, y en su océano de imposturas y falaces poses será inevitable que naufraguen descuadernados todos los sueños; pero ¿es que acaso ya no sucedió esto mismo antes de este ahora?... Y si lo hizo, ¿qué cambió para que la fe se entregue solidaria a la misma trampa?... ¿Una cara nueva, un nuevo verbo, una moda?... Y, sin embargo, todo eso ya lo tuvimos: coderas, pana, melenas, descamisados…, populistas, y nos compraron, y nos vendimos… y nos vendieron a los que en verdad mandan y ordenan, a los que siembran el sufrimiento y la muerte desde sus lóbregos nidales en las cuatro esquinas del mundo y se lamentan y gimen cuando cae alguno de los nuestros; pero, ¿acaso hubieran muerto éstos sin que aquéllos urdieran este escenario?... Cuando el olvido se desmemoria de lo que enseña o la ignorancia se reviste de osadía, se aceptan jubilosos los podridos herrenes que los pastores reparten al rebaño.

Cuando espantados del abismo se regresa al principio y se retoma el camino ya hollado, y nuevamente se sigue huella sobre huella en la misma dirección, solamente al abismo y la catástrofe se retorna. Como mejor se camina hacia el mañana es mirando hacia al pasado; quien desentendiéndose del ayer apunta hacia al futuro, es como el tonto al que de nada le sirve haber vivido, no aprende, no comprende, no entiende: es la estupidez lo que le gobierna, y el estúpido, cuando vota, solamente puede elegir aquello que es como lo suyo. Aunque a la inmensa mayoría cuanto sucede les parezca nuevo, todo ello en realidad en mil episodios anteriores ya nos ha sucedido, y entonces creímos y apostamos y lo respaldamos y nos mintieron y perdimos, perdimos mucho, casi todo cuanto en décadas o siglos de lucha y sacrificio habíamos ahorrado. Ahora está sucediendo lo mismo, y en ese mismo poder, delegado de otros poderes siniestros y escondidos, están y se recrean los mismos de otrora con otras caras y otros capuces, pero siendo los mismos verdugos con las mimas siglas y las mismas perversas intenciones, además de algunos flautistas añadidos para encantar a los ratones perezosos que no comprenden y llevárselos lejos de sus propios sueños, al redil-prisión de los poderosos. De otro modo las mismas mentiras, con otro acento las mismas falsedades, con otro atrezzo las mismas imposturas, los mismos engaños, el mismo palo y la misma idéntica zanahoria. Quien no lo ve no es que esté ciego, sino que le embarga la ignorancia: votar, es apostar por la impostura, por el negocio de la muerte y la guerra, por la pobreza, por la miseria de casi todos para beneficio de unos pocos; votar, es el balido del rebaño que mansamente se entrega, sin lucha, al sacrificio no solamente propio, sino también de los suyos. No importa qué banderas blandan, cuáles sean sus arengas o qué promisorios porvenires prometan o señalen; como dijo Rothschild: «No importa a quién vota el pueblo: siempre nos votará a nosotros.» Votar, pues, es votar guerra en Siria, en Iraq, en Afganistán, Primaveras Árabes, absurdos movimientos terroristas, es votar inmigración desesperada, campos de refugiados, muertes colaterales, pobreza, miseria, hambre, contaminación, armas, golpes cruentos en nuestras calles, ajustes salariales, desempleo, impuestos, desequilibrio, rebaño. Miedo. Y el miedo genera ira, y la ira engendra dolor y sufrimiento a raudales.

Es preciso renegar del olvido, recordar que en demasiadas ocasiones jubilosos los pueblos auparon el horror a los laureles, y que esos votos derivaron en el cieno de los campos de batalla y en la industria de cadáveres de los campos de exterminio. Es preciso recordar los pánicos, las persecuciones, los paredones y ajusticiamientos, las torturas, represiones, el sufrimiento de un mundo que se desgarró en una orgía de dolor y sangre mientras los poderosos fraguaban su poder definitivo sobre todos los pueblos de la Tierra. No porque ahora no haya alarmas de inminentes bombardeos o porque no flameen las esvásticas en los mástiles de las plazas estamos lejos de eso; los guetos están construyéndose a toda prisa a la vuelta de la esquina, y un escenario de ruinas se perfila ya en el skyline de todas las ciudades. Poco antes de que comenzara la tragedia, tampoco las hubo en Londres o en Roma, en Hannover o en Berlín, y no tardaron en sobrevenirles con todos sus alaridos. «La perra que los parió, vuelve a estar en celo», decía Bertolt Brecht, y la perra parió hace mucho tiempo y sus cachorros ya son lobos sanguinarios que acechan a todo el rebaño: solamente necesitan el poder de los votos que les entreguen los corderos para que puedan lanzarse a saco sobre la mesnada.

Tras de las risas, la opulencia y la música que anega nuestros sentidos hay un concierto de lamentos que crece hasta hacerse aullido; pero por más que ni siquiera recordemos a quienes los profieren o que sus muertos o su dolor no tengan el peso que debieran en nuestra conciencia, ellos no son nuestros enemigos. Nadie les dedica monográficos, nadie ondea sus banderas porque ni siquiera tienen ya banderas, nadie les dedica melodías o se enternece con su sufrimiento más allá de unos segundos o quizás una o dos monedas; pero igual son nosotros, son nuestros verdaderos nosotros y nosotros somos ellos, tal vez no ahora, pero es seguro que en el mañana que a grandes pasos se acerca. La catástrofe es un viajero que tarde o temprano llama a todas las puertas. Y mañana, cuando seamos como ellos, tendremos también suplicantes ojos de víctimas y nos preguntaremos por qué no se conmueven con nuestro dolor y sufrimiento otros que son como nosotros pero que nos ignoran como si no fuéramos parte de ellos. Esto es lo que se está cuajando y a este destino nos están conduciendo los que nos piden un voto, los que nos arengan, los que tienen caladas las bayonetas en los fusiles, hacen volar sus ángeles de la muerte sobre estos cementerios en ciernes y están empujando al mundo a la guerra. No es una parábola ni una exageración, sino un hecho. No es algo que se pueda elegir por votación sumaria, porque ya estamos dentro y nos apuntan los misiles de enemigos que ni siquiera son nuestros. Ahora, en este ahora, demasiados ángeles de la muerte sobrevuelan nuestras cabezas como para que nuestro cuello se salve de la cuchilla o no llueva el fuego sobre Sodoma, a no ser que nos salgamos del camino que nos impusieron los mayorales y marquemos soberanos nuestro propio individual rumbo lejos de los que ansían la muerte de todos.

Desde los cielos se ciernen terribles e inflexibles amenazas, y en la Tierra las potencias se disputan codiciosas la oscura sangre mineral del planeta tratando por todos los medios en convertirse en hegemónicas. No se trata solamente de dineros que no precisan, sino de imponer la dictadura de su credo y de reducir al hombre a escombros manejables que le sirvan como a un dios verdadero. También se escondieron tras los votos los uniformes sombríos del pasado, y tras la grandilocuencia exagerada de los iluminados el pavor real de las más atroces pesadillas. Quien mira sin complejos a sus ayeres, comprende que no queda espacio para los necios: cada elección ha supuesto indefectiblemente perder algo, perder mucho, retroceder demasiado hacia la nada en que nos encierran como bestias de un rebaño marcado. Derechos, salarios y condiciones, han menguado con cada reunión de los pastores. Tal vez sea el momento, en este ahora, de que silbe la brisa entre las ramas del árbol del silencio, y al menos quienes no son ignorantes griten sin sonidos que no forman parte de esto, sino de una vida que les pertenece hasta donde llegan sin ser cómplices del latrocinio o el cuchillo, libres hasta donde sus fuerzas llegan, pero lejos de invasiones, corrupciones y conflictos. La mentira debe ser desvelada y ante todos los ojos expuesta. Allá los necios y sus necedades, allá los poderes con lo suyo, sus mentiras y promesas, sus palos y sus zanahorias.

Quien vota, les vota a ellos; quien no lo hace, vota en su contra. Ningún mal se redime a sí mismo, ni los transmisores de la enfermedad podrán jamás combatirla. La salud, en todo caso, se encuentra siempre fuera de los enfermos, y en este ahora la oportunidad, lejos, muy lejos de las urnas. Votará la inmensa mayoría, sin embargo, y entregará su libertad a cualquiera de los advenedizos; no importa, es mejor dejar que los muertos entierren a sus muertos que sumarse como cómplice al dolor que está por afligir al conjunto de los hombres. Tal vez no sea demasiado en la hora verdadera la higiene que mantiene el alma y las manos impolutas, pero siempre quedará la satisfacción de que quien lo hizo vivió como un hombre responsable que aprendió sus lecciones de ayer, se perdonó a sí mismo e intentó construir, sincero y auténtico, un futuro mejor para todos. Puede ser que no sepa en qué dirección está lo correcto, pero bastante será con que por ahora no tome el camino ciertamente equivocado.

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Videos de mis novelas







Sinopsis: En la noche de los tiempos, según el Libro de Enoc, los Hijos de los Dioses, las Veinte Dinastías de los Vigilantes, viendo que las Hijas de los Hombres eran hermosas, las desearon para sí y se conjuraron para desobedecer a Dios y descender sobre la Tierra con el fin de tomarlas y hacerlas hijos. Por esta rebelión contra los designios Divinos y esta interferencia en la Creación, Dios castigó a aquellas Veinte Dinastías con el Infierno e hizo que las milicias divinas los expulsaran del Cielo para siempre. Y así lo hicieron con todos... menos con uno, Abaddona, el único diablo arrepentido porque comprendió el mal que había hecho y le suplicó perdón a Dios. Y Dios le perdonó, le devolvió su rango de trono y le permitió que regresara al Cielo; pero Abaddona no quiso hacerlo..., al menos hasta que devolviera a los hombres al estado de pureza del que les había privado, porque a causa de aquel acto, tal y como reza el Libro de Enoc en el capítulo 8:2, «Desde entonces creció mucho la impiedad, porque ellos (los hombres) tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas.»




Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.



Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

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Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.





Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.





Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.

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Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación de seda y acero.



Rhinoslider 1.05