Conversaciones con Zita El Blog de Ángel Ruiz Cediel

Portada

Conversaciones con Zita - Última actualización: 4 de agosto de 2016

1ª Edición agotada, a la venta 2ª Edición
Lanzamiento editorial


La estirpe de Abaddona

+

Lemniscata

Compra una de estas novelas y recibe las dos. En el formato que elijas.
"La estirpe de Abaddona" + "Lemniscata"

Promoción Navidad, válida hasta el 6 de enero de 2017.


Cuando los descontentos controlen el poder... el poder controlará a los descontentos. La novela que está revolucionando la forma de ver la Política.

Cuando el terrorismo es un negocio para contolar las masas. Finalista Premio Planeta de Novela 2008

+

Sinopsis: Los movimientos sociales de descontentos se aúnan en torno a unas siglas, concurren a las elecciones y las ganan. Ahora están en el gobierno; pero el otro poder, el verdadero poder, no parece muy dispuesto a renunciar a sus privilegios. ¿Les permitirán gobernar los poderosos... o conspirarán para destruirles?...

Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación entre seda y acero.




La estirpe de Abaddona + Lemniscata

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
426 y 345 páginas, 22,5x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP (las 2 novelas): 21,00 €

PVP (las 2 novelas): 10,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos




Tiempos modernos



Charles Chaplin hizo en su momento una divertidísima sátira de su tiempo y la industrialización con la película homónima del título de este artículo: el hombre había pasado a ser un excedente social, un bien prescindible del poder económico. Los tiempos han cambiado, pero el negocio continúa. Ahora no es la industrialización lo que ningunea a las personas, sino los memes, los gurúes de la new age y toda esa caterva de charlatanes que han «inventado» técnicas de «ayuda a los demás», cuando en realidad no hacen sino lo mismo que los poderosos de la película de Chaplin: simple y llano negocio. Y lo hacen lo mismo en cuestiones tales como la política —sobran las menciones específicas— que en toda esa industria paralela de lo llamado «crecimiento personal». Al final, el negocio sigue siendo el mismo, solamente que con otra cara: hacer dinero y obtener prestigio personal a costa del sufrimiento y/o la insatisfacción ajenos. Lo de siempre, vaya, sólo que ahora con otro nombre más rimbombante: autoayuda.

Toda persona, desde que el mundo es esférico, sufre. Son cosas de la vida y no hay nadie, rico o pobre, que esté a salvo de eso. Y éste es un gran negocio porque los clientes potenciales son todos los mortales. Todo un hallazgo para los vivales de todos los tiempos, si bien por las cosas de la permeabilidad en la comunicación internacional, en los tiempos que corren se ha masificado de una forma escandalosa: políticos populistas, adivinos, contactados, gurúes de todo sofrito pseudo religioso o filosófico, curanderos, vendedores de humo y maestros de almas dolientes. Todo un elenco capaz de volver loco al más cuerdo o de convertir en un auténtico esperpento al más equilibrado. Quienes caigan en sus manos pueden estar más que seguros de que no volverán a ser los mismos, pero no para mejor, sino para adentrarse en un orden de absurdos, sofismas y contradicciones tales que pondrá a la propia personalidad contra sí mismo, produciéndole, en el mejor de los casos, una desorientación existencial en la que ni siquiera sabrá ni quién o qué es, ni qué o cómo es lo correcto. Y sufrirá mucho por ello, claro; pero creerá que no, que está aprendiendo o está elevándose sobre el común de los mortales. Aprenderá, eso sí, una enorme cantidad de memes —fuera de contexto— que le harán creer que es de lo más moderno y equilibrado —especialmente si se mueve con otros elementos que también han caído en la misma red, cosa que es habitual porque ya son casi mayoría—, pero sus propios actos serán, como es natural, contrarios a eso mismo que predica y que repite con memes como un lorito porque le han alienado para convertirle en un consumidor dependiente de esos productos tóxicos. Será, lo vea o no, un dependiente, un yonki de una droga que él considerará espiritual. Su verdad, su capacidad de elegir por sí mismo, su libertad de extraer sus propias conclusiones de la existencia en base a sus propios actos, habrán desaparecido para siempre de sus propias posibilidades y ya no será sino un rehén incapaz de hacer nada por sí mismo sin recurrir a esos perversos adoctrinamientos basados en el sofisma. Las medias verdades, vaya, que son las peores de todas las mentiras. Y lo aplicará a su vida, por supuesto, y esto, lejos de mejorar su existencia, le hará fracasar una vez y otra por las más absurdas razones, a la vez que se hará consumidor cautivo y mantenedor de esa misma industria.

Pulsa aquí para leer el artículo completo

Sangre Azul (El Club)



Pulsa aquí para ir a la página del libro



Sangre Azul (El Club)

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
506 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 23,00 €

PVP: 10,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta

Sinopsis:
"Sangre azul (El Club)" es la novela conspiranoica por antonomasia. Una novela invaluable porque no narra cómo cierta élite nos maneja y controla, esquematizando las etapas que va cubriendo en la Historia y, lo que es más significativo, las que quedan por cubrir y con qué contenidos, que es decir qué nos espera y cuándo. Una novela que, usando la realidad incuestionable de los titulares de prensa y otros medios, y conduciéndonos de la mano de un prominente personaje de ficción (o quizás no tanto), conduce al lector por nuestro tiempo, permitiendo que él mismo compruebe cómo los sucesos que consideraba casuales o fruto del azar, han sido elaborados y puestos en escena por una inteligencia superior. La mayor de las conspiraciones, al descubierto.

Palpitar airadamente



Después de retirada la sombra en que se incubó la materia tejida al tiempo y la luz marcó su primer estigma en mis retinas, comenzó el curso de los ríos de sucesos en que bogo rumbo a la muerte. No recuerdo el primer latido, ni el fulgor del sol que nacía por el horizonte, ni siquiera tengo memoria para el helor que dicen quienes lo vieron que me estremecía; sé que mi primera voz fue un llanto, acaso distinto del que desde entonces me acompaña, quién sabe si porque mi garganta se fue haciendo a los verbos oportunos de la vida y se acomodó a las circunstancias en que los hombres resolvemos o nos enredamos en sus desvelos, ávidos de palpitar airadamente.

He latido desde entonces en este sendero finito de la existencia a los mil ritmos que me sorprendieron o me aprehendieron con su música, casi siempre muchos puntos por debajo del milagro y en raras ocasiones muchas ansias por encima. Por más que tampoco tengan el título de definitivas, no tardé en saber que no me extendería lo que una roca, una montaña o un océano, y que hasta el más breve de los árboles se mecería en la luz cuando la misma luz se escapara de mi carne y regresara a la sombra de la nada de la que procedía; pero me supe vivo y con latido, y busqué entre las figuras y acertijos de la rutina un sentido a mis días, un porqué o un significado que me elevara del polvo antes del retorno decisivo. Vivir, se me antojó como algo de más calado que un suceso recurrente de la biología, y existir como algo con más trascendencia que una casualidad cósmica o el capricho de un Dios aburrido, y salí al mundo a indagar por las causas por las que la nada se forma y conforma con un alma y/o una inteligencia que alcanza la consciencia de sí misma. Carne blanda, poca fuerza y ninguna ciencia no eran muchas herramientas para adentrarme con garantía de éxito en los laberintos de la vida y derrotar al Minotauro de la ignorancia para arrancarle sus secretos, pero contaba con la inteligencia y quién sabía si con el alma, esencia de la misma sustancia que aquello a lo aspiraba, lo inconsútil que transpira piel afuera animando la materia para transformar en actos y certezas lo que brota de lo oscuro con la forma del deseo.

Pulsa aquí para leer el artículo completo

La otra realidad



Pulsa aquí para ir a la página del libro

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
272 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 15,00 €

PVP: 6,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta

Sinopsis:
Resentido, machista, autosuficiente y obsesivo, Rafael Nájera no sería un modelo para nadie de no ser porque además es un escritor genial que persigue con afán lo que él considera su obra definitiva, aquélla que considera que le proporcionará no tanto el esplendor de la fama como la que le permitirá comprender el laberinto divino de la vida y sus porqués.
A través de una de sus amantes, quien le regala un cuadro surrealista un tanto especial, creerá haber encontrado el argumento que le permitirá escribir tan magna obra, y a su desentrañamiento se entregará de una forma existencialmente obsesiva. Sin embargo, a medida que avanza en su investigación siente cómo su realidad se va abriendo a otras realidades, hasta que arriba, a través de la locura, a un universo atroz y confuso en todo semejante a un Infierno. No; no era eso lo que buscaba, o al menos no lo era hasta que comprendió que es preciso cerrar primero el círculo del viaje emprendido antes de desembocar en su propia realidad verdadera.
La otra realidad es una novela mágica con ciertos tintes metafísicos en la que el autor juega con el lenguaje, los tiempos y las realidades, tratando de arrastrar al lector a órdenes inciertos en los que muchas realidades simultáneas se alternan y conviven, para desembarcar primero, como en un viaje iniciático, en una muerte figurada que será la antesala, después, de un renacimiento asombroso en su puerto de destino: la otra realidad.

El juego de la araña



Aunque ya no era joven y la decadencia marcaba el límite de su esplendor porque saltaba sin pértiga los cincuenta, ella era un monumento a la feminidad, un ángel de no se sabe qué infierno que imprimía a fuego en todo varón la marca de la pasión del más enardecido deseo. Sabría Dios qué clase de diosa habría sido en su juventud cuando la plenitud adobaba de las más exquisitas delicias su cuerpo; pero aún era ángel y mujer, y también esa clase animal que buscaba siempre la oportunidad para vivir al acecho de presas y convertir en alimento la carne de los demás al modo y uso de la araña.

Y como las arañas, tenía su estrategia para sobrevivir, que es decir sus métodos de caza. Así, pues, después de tejer su red con lo más bonito que tenía —las glándulas sericígenas, que es decir su mismo culo—, solamente tuvo que usar la maña de esperar a que a que una víctima quedara atrapada en la seda que tendió en la Red. Y no tardó en hacerlo él un día ocho de enero, se ignora si como premio en la Lotería del Niño o simplemente como un regalo de esos Reyes Magos que hacía tiempo le habían olvidado. «Hola, me llamo Ann», le dijo por correo electrónico ella; «Sin fotos no, o estaré en desventaja», le replicó con gracejo él, y ahí comenzó un concierto que se extendió por las imágenes y el teléfono hasta que carne a carne quedaron ambos para conocerse y comer.

Pulsa aquí para leer el texto completo

Germen de Dios, semilla del diablo (Novela)



Pulsa aquí para a ir a la página del libro

Finalista Premio La Rama Dorada
Finalista Premio Azorín de Novela



1ª parte Cuatrilogía Los Montoro

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
708 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 25,00 €

PVP: 15,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta

Sinopsis: Salvador Montoro ha perdido al único ser que le quedaba vivo, su madre. Sin embargo, Fausta, cuñada del padre de Salvador, consigue que el patriarca de los Montoro le acoja en su casa, a pesar de que no le considera sino un bastardo. Aunque con un inicio de su relación muy negativo, el tiempo y la convivencia lograrán que se establezca entre el abuelo y el nieto un vínculo que derivará en un afecto sólido y entrañable que se extenderá ya por siempre. Ya como Montoro de pleno derecho, deberá el futuro patriarca de la casta, Salvador, demostrar su condición de germen de Dios o de semilla del diablo, así como los demás Montoro lo hicieron a lo largo de la Historia, y tendrá su oportunidad de hacerlo siendo aún muy joven, porque estalla la Guerra Civil y él, como toda su quinta, es movilizado, cayéndole en suerte, ya al final de la conflagración, el deber de conducir a una caravana de niños desde Madrid hasta Valencia, ya que la derrota final está próxima y nada queda que hacer por evitarla, salvo impedir que sucumban aquellos que en su bando consideran los más puros: los niños.
El amor y el odio, la paz y la guerra, y la fidelidad y la traición se dan cita en esta obra memorable, enfrentándose los personajes con su propia nauraleza a fin de demostrar su condición. Varias decenas de miles de lectores han hecho de esta novela todo un clásico de la literatura española contemporánea, ensalzándola como una de las obas más intensas y completas que se han escrito en la modernidad. Una novela verdaderamente intensa, rica, de una plástica exquisita y de una profundidad literaria que hará imposible que no te sientas identificado con los personajes, los escenarios y las emociones que en ella se explayan.

La Guerra secreta



La verdad no se asoma jamás a los telediarios. Las noticias de éstos son narcóticas, entontecedoras, sin sentido o con la intención de alejar al común de los ciudadanos de la interesada realidad que podría malograrse si conociera realmente los hechos –sabiendo con ello qué clase de personajes dirigen el mundo- y, además, interviniera. Que la Guerra de Siria es un colosal entramado de intereses económicos y de poder (se dirime qué clase mundo tendremos, si uno unipolar controlado por EEUU o si uno multipolar, repartido entre distintas potencias) es algo que desde luego ni se menciona en esos noticiarios; pero lo más grave e inmediato, quizás, es que se le sisa a la población de que hemos estado –y tal vez estemos- en riesgo inminente de una colisión nuclear entre las potencias, de modo que a todos nos sorprenderán en medio de su disputa y pondremos los cadáveres de la Guerra del Fin del Mundo que se avecina y, que según todos los indicios, nadie puede o quiere frenar ya. Es la Guerra Secreta. De hecho, EEUU acaba de pedirles enmascaradamente a sus ciudadanos, mediante una orden presidencial impuesta la semana pasada, que se preparen para lo peor y que acopien alimentos y agua para muchos días, además de decretar el DEFCOM-3, de que en agosto pasado Alemania hizo otro tanto con sus ciudadanos y de que Rusia ha movilizado todos sus ejércitos y sus sistemas balísticos, desplegándolos en todos los puntos estratégicos de Occidente. Una Guerra Secreta que pudiera dejar de serlo, según todas las estimaciones, antes del próximo verano, o como piensan muchos visionarios Marianos, antes del centésimo aniversario de las apariciones de Fátima, el próximo 13 de mayo de 2017.

Que el ISIS –esa versión de Al Qaeda reinventada por algunos dicen que Occidente- no compró sus terribles armas, capaces de detener en seco a números ejércitos convencionales, en un supermercado es algo que a cualquiera con la cabeza para uso distinto del ornato no le pasa desapercibido, digan lo que digan los telediarios. Lo que se dirime en Siria, en realidad, es el tipo de mundo que tendremos en los próximos siglos, si es que existen próximos siglos, porque todo hace pensar que más bien regresaremos a la Edad de Piedra, y no en muy buenas condiciones precisamente. Efectivamente, lo que se está decidiendo en aquella tierra que fue calificada por algunos visionarios como la Lave del Fin del Mundo, es en realidad si el petróleo y el gas que consumirá Occidente en el futuro es el árabe de los Emiratos-Arabia Saudí (dejando fuera de juego y subyugada a Rusia), o si se van a seguir consumiendo los productos rusos. Si esa guerra la gana el ISIS-Occidente, todo seguirá más o menos como hasta ahora, con el añadido de una Rusia pobre y mendicante atada al carro de los intereses internacionales de Occidente; y si no fuera así, el mundo tendrá que ser multipolar o no será. Rusia, por su parte, ya ha decidido que o con ellos o nadie, y que el oso ruso no se arrodilla; y EEUU ha aceptado el envite y ha movilizado sus peones no solamente en Siria, sino también cercando completamente a Rusia, en cuyas fronteras lleva haciendo toda clase de juegos de guerra desde hace algo más de un año, adonde ha movilizado buena parte de las fuerzas de la OTAN y en cuyo entorno no cesan de producirse provocaciones que podrían «volatilizar» literalmente la humanidad, naturalmente absurdos bloqueos económicos, sanciones y barbaries por el estilo aparte. Rusia, sabiendo que es incapaz de hacer frente a una guerra más o menos convencional en tantos flancos simultáneamente y que su poderío es cuestionable respecto del de Occidente, ha tirado por la calle de en medio y ya ha advertido que está dispuesto a golpear primero y, además, de una forma gráficamente contundente. El órdago final, pues, está sobre la mesa, y no parece que vaya a haber muchas más advertencias antes de que nos despertemos de improviso en medio de una conflagración nuclear global.

El pasado día 13 de octubre, el presidente Obama puso activo una orden ejecutiva, supuestamete para coordinar los esfuerzos ante una llamarada solar de efectos devastadores que, previsiblemente, podría afectar antes del próximo verano a ambas costas de EEUU. Nada particularmente extraño si algo semejante fuera habitual, sobre lo que existieran precedentes o el mismo Sol fuera predecible; pero no solamente no sucede ninguna de esas cosas, sino que esa orden ejecutiva mete en harina a los Departamentos de Defensa (elevando el nivel de seguridad nacional a DEFCOM-3) al NSA (Agencia de Seguridad Nacional) y al FEMA, esa suerte de Protección Civil norteamericana que lleva algunos años ya acopiando millones de ataúdes plásticos para cuatro cuerpos y que ha construido más de ochocientos campos de concentración (por ahora inutilizados, pero con vías de tren y todo) en distintos puntos de los EEUU. Todo esto, a cualquiera que sepa o conozca a quién sabe y estudia el Sol, le resultará algo tan absurdo como impensable, toda vez que el Sol «nunca» avisa de sus erupciones y no existen estadísticas que pudieran hacer pensar que nos encontramos ante un brote más peligroso de actividad que cualquiera de los precedentes. ¿Entonces?... Entonces queda claro que no es eso. Y si no es eso, ¿qué pretende esta orden ejecutiva sembrando la alarma entre su propia población civil, a la que ha pedido que acopie alimentos y agua para bastantes días?... Tal vez exactamente lo mismo que las autoridades de Alemania pidieron el 22 de agosto pasado a sus ciudadanos, tal y como recoge el 'Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung': que se preparen para una catástrofe.

Pulsa aquí para leer el artículo completo

Los días de Gilgamesh



—Usted, señor...; es decir, ustedes, los creyentes, se han pasado la Historia devanándose el seso con fruslerías, insustancialmente: ¿era virgen la Virgen..., es Dios tres personas...., tenía hermanos Jesús?..., y tonterías por el estilo, acaso obviando lo fundamental, que es el mensaje, la enseñanza, el fin o el propósito de su vida o..., de otro modo, no habrían ustedes impuesto dogmas, inquisiciones y otras barbaridades de parecido jaez, arrogándose poderes y verdades que nunca han tenido, permítame que se lo diga. ¿Cómo y qué cree usted que era ese Jesús sobre el que han construido, no sé si a su pesar, su credo y su religión?
—Pues, por supuesto —dogmatiza el Padre Pájaro desde su mucha teología de seminario—, era Dios y Hombre a un tiempo, una criatura especial por su origen y por su destino, cuyo único fin fue establecer las bases de la Fe verdadera, sin duda para dar acabijo al desbarajuste de falsos dioses y supersticiones que siempre han encenagado las entendederas de los hombres. Un hombre ante el que, necesariamente, uno debía sentirse apabullado, tener la certeza absoluta de que estaba ante Dios mismo, sin duda alguna?
—¿Diría usted que yo soy dios? —inquiere don Gilgamesh mirándole fijo a los ojos, con una firmeza tal que impone incertidumbre en su mentor, entretanto los demás presencian el cañoneo como si fueran espectadores de una función—. Dicho de otro modo: ¿qué diferenciaba a ese Dios-Hombre de cualquier otro hombre?..., ¿acaso su estatura, su peso o su sangre?...?
—No —se apresura a refutar el clérigo, sintiéndose un tanto acorralado—; no su estatura o su peso, aunque también, sino su sangre, desde luego, y su sabiduría, sobre todo, porque Él lo sabía todo, todo.
—Entonces, ¿a qué espantarse en el Huerto de los Olivos?..., o ¿a qué no ser como los hombres en todo, si había decidido adoptar tal disfraz? Tienen ustedes un lío fenomenal que no aclaran por más siglos que pasen, sencillamente porque hablan siempre de referencias, de lo que dijeron algunos, de lo que otros contaron o de lo que los de más allá historiaron sin que siquiera llegaran a conocerle, y, lo demás, lo supusieron, claro, intentando concitar a Yahvé con Jesús, a David con Jesús, y a quien se pusiera por medio con él, olvidándose, repito, de lo fundamental: quién y qué era.
—Bueno, ya que usted parece tan ilustrado, tal vez quiera compartir con nosotros algo de todo eso y decirnos, según su juicio, cómo y quién era.
—Un hombre: era un hombre a secas —se explica don Gilgamesh, hablando desde el fondo de su alma con ciertas inflexiones de recóndita ternura en su voz, y, acaso, según el momento de su exordio, de resentido rencor—. Comía, orinaba, sufría, gozaba y estaba sometido a los fuegos y fríos de la vida, igual que lo está usted o yo, o cualquiera de los aquí presentes. Era un hombre, nada más, que se convirtió en Dios por una lanzada...: ¡por una lanzada! Aquella lanzada era su destino, porque le encumbraba, le elevaba a los altares de cierta eternidad, consumando el fin para el que había nacido, pues de otro modo ni sus Escrituras se hubieran consumado, ya que le hubieran quebrado las piernas y hasta tal vez hubiera pedido clemencia porque sufría, sufría mucho, desdiciéndose como Dios potencial, Aquél que, al menos en teoría, Todo lo puede. Que la lanza penetrara su costado, segándole de cuajo la vida, era su destino, ¡qué curioso!, ¿verdad? Era un hombre bueno, justo, sabio si usted quiere, pero desafortunado, porque todos los suyos, incluso el Elí que le había engendrado, le abandonaron en la hora grande de la verdad y tuvo que encarar su muerte en la más terrible de las soledades, siendo su inenarrable sufrimiento, por añadidura, objeto de cruel burla por este gremio de ignorantes en que viene a dar el pueblo y sus fes de chicha y nabo, a quienes vino a rescatar del peor mal de todos: de la animal idiotez. Nada en él era especial, salvo su humanidad; pero no era una humanidad cualquiera, sino una firme, sin dobleces, de hombre verdadero que ni se conmueve inútilmente ni tirita en vano. No era sensiblero, ni acomodaticio, sino cabal, seguro... hasta donde podía. Clamó, y no le oyeron; se explicó, y no le entendieron; lloró..., y no se compadecieron. Tal vez en su cadena de ADN hubiera cuatro hélices, o tal vez las ocho divinas; pero su piel era de hombre, sus brazos eran de hombre, sus deseos eran de hombre..., su amor, no. Fue el héroe, el que sabe que su destino es morir y muere por los demás, el que muestra el camino o protege la retirada, el que ilumina, ya que no con la vida, con la muerte, para que la palabra de vida quedara. Pero el héroe era hombre y sufría con el tormento, sangraba, de sus llagas manaba aguadija, de su corazón, dolor. Dolor por él, como hombre; dolor por los demás, como hombres. Tenía miedo de hombre, tenía sed de hombre, deseaba la paz como ningún otro hombre..., pero trajo la guerra de la idea.. y murió en la peor batalla, en la traición de los suyos, en el antipático escarnio, en la soledad..., en la ignorancia de los inocentes..., de los corderos. Días sin comer ni dormir, tormentos indescriptibles, tumefacción, carne desgarrada por el látigo y el acero, huesos que descarnados amarillean al fondo de las heridas... Huele a sangre, huele a cuero tundido, huele a lluvia inminente, huele a muerte lenta, reposada, carnicera. La madera cruda del patíbulum, las astillas que se clavan en los hombros escariados, los clavos que penetran duros, firmes: todo duele enormemente. Se escuchan alaridos de dolor y pánico sobre las risas de la muchedumbre, golpes de maza sobre los insultos de los creyentes en otros dioses, súplicas de piedad sobre las órdenes de los centuriones. El Gólgota se entenebrece, la tiniebla cae sobre Jerusalén; pero no es ningún eclipse o la sombra impenetrable de una tormenta devastadora, sino la vista que falla, la razón que trastabilla en el terror más ciego. Nada se oye ya, sino un mundo vertiginoso que se aleja con su tumulto allende los sentidos, y se queda solo con su dolor ancho y desolado; solamente al aire se le escucha estrecharse para instalarse en sus pulmones... y algunos sollozos dispersos y desconcertados de otros condenados. Llora..., porque no muere, porque la vida se afana con fervor en retenerle, porque el instinto le impulsa a tensar músculos y tendones, prolongando aún más lejos la agonía. Trastabilla la fe, busca en su alma un argumento para tanto penar, para tan inhumana sevicia; pero está solo, abandonado frente a una multitud que se goza enardecida de su suplicio..., ¡y entre ellos, con inefable amargura, puede contar a algunos inocentes, a muchos corderos que profieren insoportables balidos! Se derrumba, no ya sobre aquella carne que es un amasijo tumefacto y maloliente, sino sobre su propia alma; los esfínteres ceden, inundándole de inmundicias; el frío aire de los páramos, quema como azufre en sus pulmones; la visión se desvanece... Llora. Llora, no sé si el Dios o el hombre a secas, y, en una de sus últimas imágenes, ve al centurión a su frente, quieto, inefablemente conmovido, seguramente porque es un gran pecador que vio en él..., qué sé yo, a un Dios potencial o, quizá está nada más que aguardando fervoroso que Dios sea Dios y saque su genio. Le mira, se miran: se entienden. El centurión toma el pilum de un soldado, una lanza larga y puntiaguda, y se dispone a atravesarlo, poniendo punto final al sufrimiento: «No hay un Dios que te salve», le dice. Pero... como que no se atreve, como que no quiere hacerle más daño. «Más sufriré si no lo haces», le dice sin palabras el crucificado, «porque el mal ya está hecho y solamente resta tiempo de impenitente dolor, todo malo, muy, muy malo». Tiene ojos de niño, redondos, grandes, negros como azabache, inocentes y rutilantes pero constreñidos por el enorme sufrimiento y el pánico, ¡y es tan pavorosamente feo el miedo! «Ten piedad: hazlo», reza, rodando sus ojos y clausurándolos con un vencido caer de los párpados; «Hazlo, por amor de Dios... si es que existe.» Y el soldado, también emocionado, también llorando, sabiéndose también un héroe, no condenado a la muerte, sino a la vida, le lancea, atravesándole: igualmente ese era su destino, un capítulo más de su destino de ejecutor... o de verdugo. Un agitado jadeo, una boca ensangrentada que se abre, tensión de tendones que hacen crujir los cartílagos, tiesura de músculos que remueven los tres clavos... y un aliento final que se derrama al desplomarse vencido sobre sí el crucificado. El hombre llora, el hombre ha muerto: Dios, ha nacido.
Todos los presentes están hondamente perturbados, incluso Javier y Armando, quienes desde una prudente segunda fila han seguido atentamente la narración. Las mujeres, por ser mujeres, están al borde del llanto, sintiendo, quizás, que es su hijo aquel condenado a la cruz y a los clavos. ¡Conmociona tanto la muerte de un inocente!... El sacerdote tiene la cabeza reclinada sobre el pecho, meditando; don Flavio, la mirada perdida en una imposible distancia que no se puede medir en leguas; el César, por ser ciego, aún permanece en el Gólgota, tal vez viendo despertarse desde el corazón la furia de los Cielos, bramando. El silencio es tan denso que chorrea, amenazando con ahogarles a todos. Solamente la televisión continúa con su estridencia de rutina.
Don Gilgamesh se pone en pie, se dirige a la puerta y, al tomar el pomo, se detiene, se gira, y les mira con aquellos ojos, por primera vez aguados en su presencia, por primera vez humillados. Doña Bárbara le mira fijo, muy fijo, se hunde en ellos, atisbando...
—No; no puede ser, es imposible —declara, desplomando su volumen de vacuno en el sillón en que él mismo estaba sentado apenas hace un instante, llevándose ambas manos a la boca y desbordándose de su limo dos regueros de lágrimas—: usted, usted es aquel centurión; usted es... Longinos.
—¡Longinos..., Longinos, sí! —reza desde su impenetrable oscuridad don Damián, secundando el descubrimiento, rodando sus ojos tenebrosos desde su interior al techo.

Pulsa aquí para ir a la página del libro



4ª parte Cuatrilogía Los Montoro

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
630 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 23,00 €

PVP: 15,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta

Sinopsis: Los seres humanos, por razones no comprendidas por la Ciencia, no pueden reproducirse. Un Mal que únicamente afecta a los humanos. En Lubitana, un pueblo próximo a Madrid, ha coincido este hecho con la llegada de un misterioso personaje, don Gilgamesh, a quien algunos le responsabilizan de ser el causante del Mal. Un hombre misterioso y con enorme poder que se ha librado de la cárcel cuando se le acusaron de haber perpetrado dos asesinatos el mismo día fue violada la Niña Sara, la hija autista de los Montoro. Una mujer que, a pesar de su condición, establece con don Gilgamesh una peculiar relación afectiva, y que, el mismo día que da a luz a su hija, la Pequeña Eva, fruto de aquella violación, muere, desatándose ese mismo día el Mal que impedirá que los hombres puedan perpetuarse y cuyo tiempo restante podrá ser medido ya por la edad de la recién nacida. Un historia no violenta, ni siquiera escatológica, que muestra cómo la sociedad se va contrayendo sobre sí misma a medida que la población se extingue, hasta que finalmente no quedan sino algunos seres que más tienen de homínidos salvajes que de humanos tal y como los conocemos, además de don Gilgamesh y la Pequeña Eva, para quien este parece tener previsto un destino primordial. Una historia en la que don Gilgamesh no envejece, quién sabe si porque él mismo no es un hombre.

Apolyon (Fragmento de la novela)



—Veo que no os conformáis y que no vais a dejarme en paz; pero, decidme una cosa: ¿sabéis que a veces es mejor no saber?...
—No comprendo —apuntó Melisa—. Siempre es mejor saber.
—No, no: no siempre, créeme. A veces saber es malo, muy malo, incluso peligroso. ¿Sabes quién fue el ciego de Siloé?...
—Ni idea.
—Fue un hombre que le pidió a Jesús que le curara de su ceguera, y Jesús le untó los ojos con barro y le envió a la fuente de Siloé, ordenándole que se enjuagara con su agua. El hombre lo hizo y quedó curado. Efectivamente, Jesús le devolvió la vista, y el hombre se fue proclamando a gritos el milagro. Cuentan las Escrituras que incluso declaró ante Sanedrín a favor de Jesús; pero lo que no cuentan las escrituras y algunos exegetas sostienen, no obstante, es que pasado algún tiempo volvió a Jesús para pedirle que le dejara nuevamente ciego, porque al recobrar la vista se enfrentó a un mundo tan desagradable que le produjo una enorme tristeza, además de que por haber sido siempre ciego, no sabía hacer trabajo alguno y tampoco podía, viendo, vivir de las limosnas. Ver, para él, más que en su fortuna, se convirtió en su desgracia. Dicho de otro modo, era más feliz siendo ciego que viendo. A lo mejor aquí sucede algo parecido. Es mejor no ver, no pedir el milagro, porque si se viera, tal vez sería peor el remedio que la misma desgracia.
Ya no albergaba la menor duda: ahí estaba mi respuesta. Ahora, únicamente quedaba que le diera cuerpo, que le pusiera nombre o definiera su geometría. El primero de mis objetivos, ya podía ser acariciado con la yema de mis dedos.
—¿Y qué es eso tan grave que no conviene ver? —osé preguntar.
El obispo bajó la cabeza y la sacudió negativamente. Luego, la levantó, nos miró a ambos con unos ojos profundamente tristes, casi inundados por un humor parecido a las lágrimas, y dijo:
—Nunca fui un observador del cielo. Me contentaba con rezar y con mi carrera en el Vaticano. Todo estaba en orden, hasta que un día...
Su voz se entrecortó, haciéndosele un nudo en la garganta.
—¡Qué! —le urgió Melisa.
—Hija, tú deberías saberlo mejor que nadie: estudiaste a los sumerios y sabes casi todo de ellos.
Melisa pareció rebuscar entre sus conocimientos algún dato concreto que tuviera que ver con lo que su tío no parecía querer pronunciar, y no tardó demasiado en soltar una exclamación que algo tenía de ¡Eureka!
—¡Nibiru!
—Nibiru, Marduk, Planeta X, Hercólubus, Ajenjo... Sus nombres son muchos.
—No es posible...
—Ven, Melisa, siéntate —dijo el obispo, tomándola por la mano y acompañándola hasta uno de los butacones confidentes, yéndose él a continuación al otro lado del escritorio y tomando asiento en el principal—. Comprendo tu confusión, porque yo sentí exactamente eso mismo.
No tenía la menor idea de sobre qué estaban hablando, pero debía ser lo bastante grave como para que Melisa descompusiera su gesto y adquiriera casi al instante una lividez cadavérica. Estaba cansada, había pasado una noche en vela, hacía apenas una par de horas que había dado sepultura a su hermano y probablemente todo eso tenía mucho que ver, pero ¿qué era Nibiru?
—No quisiera parecer un ignorante, pero sería muy de agradecer que alguien tuviera la amabilidad de explicarme...
—Nibiru —replicó Melisa nerviosamente—, es el planeta del tránsito de los iggigi, los dioses sumerios del cielo.
Estaba perdido, y así supo leerlo ella en mi gesto de desolación. Era incapaz de comprender qué demonios me quería decir.
—Te lo explico en unas pocas palabras —me animó—. Hace cientos de miles de años, según las tablillas sumerias, llegaron a la Tierra una especie de seres que se llamaban a sí mismos los dioses, no en el sentido de creadores del universo ni nada de eso, sino como gentilicio, así como nosotros nos llamamos hombres o humanos. Pues bien, ellos, según esas tablillas de las que te hablo, crearon al hombre a partir de lo que había, probablemente algunos primates u homínidos, y lo hicieron a su imagen y semejanza.
—Como dice la Biblia, vaya —bromeé.
—Exactamente, como dice la Biblia —corroboró para mi sorpresa—. Lo hicieron mezclando el código genético de los primates con el suyo.


Pulsa aquí para ir a la página del libro



Una novela imprescindible sobre lo que ya está por venir



Sinopsis¿Y si Apolyon, el Rey del Abismo que se menciona en Apocalipsis 9:11, no fuera un demonio, tal y como sugieren algunos exegetas, o el mismísimo Jesucristo, como suponen otros?... ¿Y si Nibiru, el mítico planeta del que afirmaban los sumerios que procedían los dioses que nos crearon, realmente existiera?... De ser así, Apolyon bien podría ser un meteorito o un escombro espacial que acompañara a ese errante sistema planetario que nos vista cíclicamente, y el cual podría estar en rumbo de colisión con la Tierra en su próximo acercamiento. En Tal caso, todo lo referido en ese capítulo 9 del Apocalipsis tendría un sentido prácticamente literal.

Apolyon

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
509 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 21,00 €

PVP: 10,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta



Dimensiones I



Compra y regala este libro de cuentos inolvidable. Pocas obras te mostrarán mejor el color de la ternura.


Casi todos los cuentos que contine han sido premiados en diferentes concursos literarios.

Dimensiones I

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
142 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 10,00 €

PVP: 6,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta


Sinopsis: "Dimensiones I", es una recopilación de mis cuentos y narraciones breves más heterogéneos. Diecisiete relatos que harán las delicias de los lectores, como así ha sucedido con los más de 25000 que ya han disfrutado de ellos. Una obra breve de contenido muy intenso, lleno de espacios sorprendentes y de personajes memorables que deambulan por el orden de lo mágico..., o quizás no tanto. Reflexiones, al fin y al cabo, sobre la naturaleza humana, que tienen varios niveles de lectura: el lineal, que refieren las propias historias; el existencial, que se adentra en la condición personal de cada quien; y el asombroso, que es el que se deja traslucir como realidad paralela, pero no por ello menos cierta que la propia de los personajes... y de los lectores.



Lemniscata






Pulsa aquí para a ir a la página del libro

Finalista Premio Planeta 2008



Lemniscata

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
422 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 21,00 €

PVP: 10,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta


Sinopsis: ¿Y si el terrorisno no fuera una lucha armada que persigue unos fines políticos o sociales muy concretos, sino un negocio de ciertas élites?... ¿Y si el terrorismo fuera, además, una herramienta de los Estados para controlar a la población a través del pánico?... "Lemniscata", es la novela que trata este espinoso asunto, y lo hace, como han dicho algunos críticos sobre ella, con una exquisita literatura que consigue una imposible aleación entre seda y acero.

Entre gallos y medianoche



Despidió el gallo al sol y, como cada noche, comenzaron a dilatarse sus desamores empujándole a la cantina. Beber hasta olvidar por qué era que bebía no era la mejor medicina, pero peor todavía lo era tener que soportarse a sí mismo en tan mala compañía. «Me engañaste, me abandonaste, tú eres culpable…, etcétera», era una letanía que no la aguantaba cualquiera, y tanto menos si estaba sobrio y roto por la melancolía. Desde que los gallos silenciaban sus trompetas, no era preciso estar alerta para que escuchara cómo desde las cunetas de sus ayeres se alzaban los clamores funestos de doscientos amores muertos que suplicaban por un milagro que los redimiera de sus decesos.

Pulsa aquí para leer el cuento completo

Una flor en el Infierno






Pulsa aquí para a ir a la página del libro

Finalista Premio Planeta 1999

2ª parte Cuatrilogía Los Montoro

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
314 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 21,00 €

PVP: 10,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta


Sinopsis: Una niña, huérfana de guerra, que vagabundea por una aldea de los alrededores de Madrid es recogida en su casa por la prostituta del pueblo. Este acto de humanidad extraordinario que nadie más tuvo para con la niña en la dura posguerra que están atravesando, será la piedra de escándalo que desate nuevamente los resentimientos de una guerra inacabada en la que los vencidos no aceptan su condición o sus pérdidas y los vencedores no consienten que nadie altere orden que a tan alto precio han impuesto, volviéndose a romper la sociedad por mitades.
Son muchos los miles y miles de lectores que han hecho de esta novela uno de los clásicos de nuestra literatura contemporánea. Una historia de ternura y amor sin parangón en plena posguerra.

Solamente por eso



Quizás porque no espero ya que retorne el rubor de la inocencia a mis mejillas o que el amor me fulmine de nuevo con el estallido de sus prodigios, voy adelante con mi vida sabiendo que lato y, en tanto lo hago, empuño el verbo y la palabra luchando por lo que creo, por más que sean ideologías o creencias que van cayendo en el anacronismo de lo obsoleto. Sin embargo, en este orden de vigencias efímeras, sigue faltando la voz que ensalce lo sublime, y siquiera sea desde este rincón de sombras y soledades, quiero elevar mi clamor en el nombre de la justicia y del amor y de la inocencia, que es decir del hombre y sus geografías.

Pulsa aquí para leer el texto completo

Dimensiones - II




Pulsa aquí para a ir a la página del libro

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
120 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 10,00 €

PVP: 6,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta


Sinopsis: Una colección de narraciones breves sobre un tema muy especulativo: la reencarnación. ¿Crees que vivimos inmersos en una rueda de encarnaciones que nos trae y nos lleva de vida en vida, cruzándonos con los mismos personajes o enfrentándonos a esas mismas situaciones de las que en anteriores existencias abjuramos, o nada más que vivimos y morimos y ya está, como bichos sin presente ni futuro?... Un juego de ochos, un ir y venir infinito en el que quien la hace, la paga, y quien la paga, es recompensado por ello. Mismos personajes, pero cambiando sus papeles: quien odia, regresará como odiado; quien disfruta de la muerte, será muerto para placer de quien fuera su víctima; quien fue sacrificado, retornará como verdugo; y así, vida tras vida, hasta que un día esté equilibrada la balanza de débitos y cobros, y el hombre comprenda que la existencia es nada más que una breve etapa que dura eones. Apenas un minúsculo escalón en la infinita escalera de la eternidad.

Tengo un problema contigo



Tal vez porque he vivido lo suficiente, sé que tengo un problema contigo: porque te quiero, precisamente, no te puedo querer. Es algo que se aprende a golpe de corazón: el cuarto del amor no son habitaciones comunicadas. Demasiado peso en la mochila, demasiados afectos que aún traspiran, excesivos resabios de otros labios que convierten los besos en disparates estrafalarios de falso modernismo, y excesiva ignorancia de creer que vivir es poder repartir pedazos del corazón sin que el corazón se desvanezca. Seguramente tengas razón y no sepa casi nada: una o dos verdades y acaso la certeza comprobada de que con el amor no se juega.

Pulsa aquí para leer el texto completo

Carne




Pulsa aquí para a ir a la página del libro



Finalista Premio Fernando Lara

Finalista Premio Ateneo de Sevilla

3ª parte Cuatrilogía Los Montoro

Libro-Papel
Libro Electrónico
¿Quieres leer gratis?
426 páginas, 21x15 cm
Todos los lectores de ebook
Pulsa en el botón inferior

PVP: 21,00 €

PVP: 10,00 €

Gratis

Gastos de envío incluidos
Puedes pagar con cualquier tarjeta


Sinopsis: Flavio es un corresponsal de guerra que se ha sumergido en todos los conflictos de su tiempo y que ahora ha sido destacado a Argentina para cubrir la transición del gobierno de Bignone a la democracia. Realizando su labor de reportero entrevista al general gobernador de Buenos Aires en su hotel el mismo día que conoce a Marta, una mujer a la que logra salvar de ser detenida por la SIDE. Un día después, Flavio es secuestrado por los mismos agentes que pretendieron detener a Marta. Sin embargo, en realidad ha sido una maniobra del general al que entrevistó, quien desea hacerle entrega discretamente de una serie de documentos que pretende que haga públicos a nivel mundial. Se trata de las pruebas para desenmascarar la Operación Cóndor y a todos sus responsables como venganza por la actuación de EEUU y Chile contra Argentina en la pasada Guerra de las Malvinas. Perseguido por quienes tratan de impedir que tales documentos vean la luz, finalmente consigue entregárselos a su periódico, pero incluso éste está al servicio del mismo poder que desató el horror de la Operación Cóndor. De regreso a Argentina es nuevamente secuestrado, esta vez por los Montoneros, y por fin recalará en la ESMA, donde no solamente conocerá el terror en su dimensión más tenebrosa, sino también los tístemente célebres Campos de Detención y los Vuelos de la Muerte. Una historia de amor y horror que muestra descarnadamente el rostro de las dictaduras... y del poder, y la capacidad de amar de los hombres. Una historia de amor en el Infierno.

Del corazón a los labios



Hay quienes precisan la fama o el dinero para alcanzar la felicidad, pero él siempre creyó que le bastaba con un lugar bajo el sol para sentirse en paz. Hoy, que los malvados ocupan el poder y que la lluvia y el sol son productos de alquiler que regentan las multinacionales; hoy, que la democracia ha igualado al estúpido con el sabio y que las noticias de los telediarios uniforman las almas de los necios; y hoy, en que los más capaces son empujados al exilio para ser reemplazados en sus naciones por la sumisión de los desheredados de mil infiernos lejanos, él se sonríe y, claro, calla, porque, como suele decir, «la democracia es nada más que una dictadura blanda, en la que se le ensalza al que se somete y se le margina al que disiente.» ¿Para qué discutir con quienes vivían cara suelo, si él tuvo que volar y lo hizo tan alto que quiso acariciar el cielo?...

Pulsa aquí para leer el texto completo



Pulsa sobre la imagen de la novela que te interese y ve a su página






Rhinoslider 1.05